En la actualidad, la región ostenta 20 especies vivas
que no se encuentran en otras partes del planeta.
Desde distintas partes del mundo viajan a esta zona, biólogos
e investigadores que observan especies como el sapo y el
escuercito de Achala; o el llamativo lagarto verde de Achala,
único reptil endémico. En las sierras, el
zorro colorado y varias clases de aves son exclusivas de
la zona.
Pero el verdadero privilegio es ver el águila escudada,
el halcón peregrino y el cóndor real en pleno
vuelo o tomando sus baños en las cascadas.
En las llanuras onduladas hay pastizales, pajonales y céspedes,
y es donde hacen sus nidos a ras del suelo los "pechos
colorados".
Descendiendo hacia los arroyos, en ciénagas y pajonales
altos, habita la culebra listada que se alimenta de las
ranitas de zarzal.
En
las quebradas y laderas están los bosques de tabaquillo
y maitén. El tabaquillo se distribuye a lo largo
de la Cordillera de los Andes desde Venezuela hasta nuestro
país, mientras que el maitén proviene de los
bosques del sudoeste argentino. En las bases de las quebradas
adquieren una fisonomía selvática baja con
gran cantidad de helechos y epiquitas.
A
medida que descendemos de la Pampa de Achala, aparecen los
matorrales, donde predomina el arbusto romerillo, y el bosque
chaqueño serrano, con árboles de molle y coco.
En la zona habitan el puma, el gato montés y el gato
pajero. La única víbora venenosa es la yarará
ñata y es característica por las dimensiones
de sus nidos la hormiga cortadora colorada.
En
los últimos 200 años desaparecieron de la
zona especies tales como el ñandú, el huemul
del norte o "taruca", declarado monumento natural
y últimamente el guanaco serrano.
En
el Parque Nacional Quebrada del Condorito, los hallazgos
arqueológicos se remontan a más de 2500 años.
La Pampa de Achala fue ocupada en tiempos prehistóricos
por culturas de cazadores-recolectores. La cultura ayampitín
era nómada y basaba su economía en la caza
del guanaco y en la recolección y molienda de productos
vegetales. Luego los comechingones fueron herederos de la
cultura ayampitín. Fueron así llamados por
los sanavirones que daban ese nombre a los indígenas
que habitaban en cuevas. Este pueblo fue de pastores y agricultores
y sus restos culturales casi no se detectan en la actualidad.
A partir de la conquista española la zona fue progresivamente
ocupada por ganaderos. Su explotación intensiva fue
una de las principales causantes erosivas de la región.
Una vez creada el área de reserva nacional, se recuperó
parte de la forestación, pero el sobre pastoreo y
el fuego siguen siendo el principal factor de degradación
del ambiente. En la actualidad habitan la zona pequeños
propietarios, puesteros y peones que desarrollan actividades
de subsistencia como la cría de ovinos, vacunos,
aves de corral y huerta, destacándose los tejidos
en telar rústico y el trabajo del cuero, entre otros
productos artesanales utilizados para el autoconsumo.
En
el Parque Nacional se realizan numerosas actividades y deportes:
trekking, cabalgatas, pesca deportiva, escalada, rappel,
tirolesa, cursos de supervivencia, safaris fotográficos
y excursiones en mountain bike, entre otras.

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