Julián
Baquero nació en la ciudad de Toledo (cercana
a Madrid) un 16 de marzo de 1888. Realizó sus estudios
en el Colegio de Ciegos Santa Catalina de la capital española,
habiéndose graduado como docente en el tercer curso del
Colegio Nacional de Ciegos y Sordomudos de esa misma ciudad. Sus
atributos de escritor (poesía, cuento, teatro) ya comenzaron
a aflorar en esa época. Ya entonces, proyectaba la organización
de una biblioteca en su país y publicaba artículos
sobre la educación y emancipación de los discapacitados
visuales. En las revistas Braille "La literatura" y
"Mensajero de los ciegos", daba a conocer su pensamiento
en trabajos como "Reformas a los programas de enseñanza",
"Derecho de los ciegos a la cultura", "Necesidad
de nuevas profesiones y oficios" o "Segregación
de las escuelas de sordomudos y de ciegos". En ellos defendía
principios como: la libertad de pensamiento y de creencia, derecho cívico e igualdad
ante la ley.
Sobre su llegada a la Argentina, no existe coincidencia biográfica;
algunos autores la sitúan en 1914, pero otro lo da arribando
a estas tierras unos años antes, en 1909. Donde existe
plena coincidencia es en la intensa labor desarrollada por Baquero
en nuestro medio. En 1915 creó la primera institución
privada de ciegos en Buenos Aires, la Asociación "Luis
Braille", de efímera duración.
En 1916, junto a otros destacados dirigentes, fundó la
Sociedad de Ciegos "La Fraternal" y también lo
señalan integrando una organización homónima
a nuestra actual Unión Latinoamericana de Ciegos.
Sin embargo, todas estas realizaciones no llegaron a colmar todos
sus anhelos; necesitaba plasmarlos en una realidad concreta.
Por esos años, gracias a la iniciativa de otro ilustre
ciego extranjero, Francisco Gatti, ya funcionaba un centro educativo,
el Instituto Nacional de Ciegos, pero era muy escaso un instrumento
fundamental: el libro Braille. Era consciente de esa imperiosa
necesidad para los privados de vista; así es que en 1923,
en una carta dirigida a Vicenta Castro Cambón, otra tenaz
luchadora que lo acompañó en esta empresa, le decía: "Es
necesario crear una biblioteca circulante, sin restricción
alguna, para todos los ciegos que quieran leer".
Tan sólo un año después, el 18
de setiembre de 1924, en el consultorio del Dr.
Agustín Rebuffo (su primer presidente), materializó
su aspiración junto a Vicenta y a un grupo de compañeros
ciegos y con vista, dando nacimiento a una institución
que llevaría el nombre de "Biblioteca
Argentina para Ciegos".
Pedro Fontana, su discípulo y amigo, recordando la actividad
que Baquero desarrollaba en la nueva entidad, relata: "escribía,
copiaba, corregía, encuadernaba, cortaba, al principio
sin otra guillotina que un modesto cortaplumas, el papel para
la copia, y estaba en cuanto era necesario, desde lo más
elevado y enjundioso hasta lo más modesto y anónimo".
También
introdujo los equipos más perfeccionados de la época
para la imprenta, provenientes de Estados Unidos los primeros
y de Alemania los últimos.
Merced a su reconocida capacidad técnica y basándose
en el modelo alemán, diseñó importantes mejoras
en una matrizadora Braille fabricada en nuestro país, de
la cual se hicieron cuatro réplicas para la Editorial Luis
Braille.
Julián Baquero era multifacético: escritor,
poeta, músico, pedagogo y hasta inventor.
Quienes tuvieron la suerte de conocerlo y departir con él,
amén de su bonhomía y su humildad, pudieron disfrutar
sus cualidades de consejero, conductor y notable tiflólogo.
Realizó un estudio sobre la "Evolución
de los sistemas de escritura y lectura en relieve",
esbozó de una obra de mayor envergadura que no llegó
a publicar. Elaboró también un método para
la enseñanza y aplicación progresiva de la estenografía,
así como otros trabajos de carácter didáctico.
Aunque él no le otorgaba demasiada trascendencia, su producción
literaria fue significativa, incluyendo poemas de variada índole,
cuentos y dos obras teatrales. El 1° de octubre de 1927 hizo
su aparición en el seno de la B.A.C. la revista "Hacia
la Luz" (primera Publicación Braille de América
Latina), en la que podemos hallar testimonios de su arte y también
sustanciosos artículos donde expresaba sus esclarecidos
pensamientos acerca de los prejuicios sobre los ciegos, su educación,
asistencia y capacitación.
Indudablemente su obra maestra, como decían sus coetáneos,
fue la Biblioteca Argentina para Ciegos. Don Pedro Rosell Vera,
al mencionarla y refiriéndose a Baquero, afirma: "Fue,
bajo su égida, escuela, universidad y palestra bautismal
para las varias promociones de ciegos que se formaron y actuaron
en ella".