En
el marco del Decenio Internacional para la Reducción
de los Desastres Naturales, la Asamblea General designó
el segundo miércoles de octubre como Día
Internacional para la Reducción de los Desastres
Naturales, que se observaría todos los años
durante el Decenio (resolución 44/236).
La
naturaleza nos da la vida y el sustento, pero algunas
veces, puede provocar grandes daños al ser humano,
animales y plantas. Esto se debe a diversos fenómenos
naturales que ocurren en nuestro planeta.
Un ejemplo son los huracanes: se forman
debido a que grandes masas de aire caliente chocan con
otras de aire frío, provocando tormentas que poco
a poco adquieren dimensiones gigantescas y combinadas
con la potencia de los mares suelen causar grandes inundaciones
y desastres.
Otro ejemplo son los sismos: se producen
debido al acomodamiento de las masas continentales y placas
tectónicas, que generan energía, y cuando
ésta es liberada hace vibrar a la corteza terrestre,
y dependiendo de la magnitud del sismo, pueden provocar
pánico, destrucción y muerte.
También los volcanes al entrar
en erupción pueden causar graves daños a
la población y a la ecología, ya que lanzan
las rocas incandescentes y vapores tóxicos que
pueden modificar el clima debido a las nubes que se forman
por la ceniza que expulsan.
Otro tipo de desastres naturales son los incendios
en los bosques, los tornados, los maremotos, las inundaciones y las sequías.
Lamentablemente
el ser humano contribuye a producir desastres naturales
debido a los contaminantes que arroja en la atmósfera,
que provoca el calentamiento global que es causa de tormentas
e inundaciones; y debido también a la deforestación
indiscriminada de los bosques, alterando el ecosistema.
Todo ello ha motivado a las Naciones Unidas a
instaurar el Día Internacional para la Reducción
de Desastres Naturales, con el objeto de tomar medidas
preventivas en caso de desastre y crear conciencia en
la población y los gobiernos para prestar más
atención al cuidado del medio ambiente.