PRIMER SABADO DE OCTUBRE:
DÍA DEL VOLUNTARIO HOSPITALARIO

Mientras los médicos hacen lo posible para cumplir con la creciente demanda de pacientes que se acercan al hospital público, un grupo de personas colabora en silencio con el único propósito de ayudar. Sin pedir nada a cambio y con una profunda vocación, los voluntarios hospitalarios se vuelven indispensables para el funcionamiento de los centros de salud pública.

Existen diversas formas de entender el motivo que lleva a una persona a dedicar horas de su vida a trabajar gratis en un hospital público: agradecimiento, vocación, motivación personal...

Las tareas más comunes que desarrollan los voluntarios consisten en realizar trabajos administrativos, ayudar a movilizar a los pacientes, darles de comer, y acompañarlos. Recorren las salas del hospital para conocer los diferentes servicios, y como no siempre es agradable lo que se ve, un voluntario puede solicitar un cambio para sentirse más a gusto. Claro que cuando toman esta decisión, no falta quien quiera retenerlos.
El Dr. Alberto Friedman, supervisor de voluntarias del hospital Durand explica: “Una vez que se desempeñan bien en un lugar se quedan ahí, pero si no les gusta tienen la libertad de cambiarse porque les damos todas las posibilidades para que trabajen donde más les agrada”.

En el hospital Pedro de Elizalde hay 240 voluntarios. En el Durand existen más de 50. La mayoría son mujeres, y si bien no pueden realizar cualquier actividad, su aporte agiliza algunas labores de los médicos. Más allá del esfuerzo que implica el voluntariado, sólo alguien que lo ejerce puede explicar qué siente y por qué eligió ese camino: “Ser voluntaria surge de estar en casa y pensar. ¿Qué hago si me sobra tiempo? Tengo que entregarlo a los demás. Y entonces te ofrecés" - explica Ermelinda de Pilone - jefa de voluntarias del Durand. "Después cuando ves que servís, que la gente te agradece con una sonrisa y te toca la mano, hay como un sentimiento de tener el día ganado. Uno siempre espera el gracias pero hay veces que la gente te aprieta la mano y ya basta con eso; y cuando te querés acordar estás tan enganchada que si te quedás en tu casa no sos feliz”.

Ser voluntario, una decisión de vida.

Los voluntarios se acercan a los hospitales para auxiliar al personal de salud con la certeza de que su colaboración es un importante aporte para el mejor funcionamiento de la institución. Pero elegir ayudar sin pedir nada a cambio es una decisión muy íntima, aunque no todas las personas pueden ejercer el voluntariado porque, como en cualquier lugar donde se ejerce la medicina, deben cumplirse ciertos requisitos: ser mayor de edad, y pasar un período de prueba en el cual se evalúan las aptitudes y el buen comportamiento del interesado.

A pesar de que no hay gran difusión de su tarea, hace mucho que las voluntarias trabajan en los hospitales. No es raro encontrarse con mujeres con más de 20 años en el ejercicio de esta actividad. La decisión de colaborar se toma por múltiples causas, aunque la gran mayoría lo hace por la necesidad de ayudar al prójimo para sentirse útiles. Y son muchas aquellas que se suman al voluntariado luego de una difícil experiencia personal, como una forma de gratitud hacia el hospital que las tuvo como pacientes. Marta Borrego, voluntaria del hospital Oncológico María Curie, cuenta: “Mientras yo era paciente del hospital, admiraba el trabajo de las voluntarias, de manera que cuando me dieron el alta me pareció un buen momento para empezar a devolver tanto cariño. La satisfacción que provoca es muy íntima porque en realidad lo que provoca el contacto con los pacientes tiene más que ver con la tristeza que con la satisfacción. Mi tarea es visitar todos los días a los pacientes, escuchar lo que necesitan, y acercárselos; y hasta la compañía también es muy importante”.

El voluntariado no es una terapia - más allá de que ocuparse del prójimo puede ayudar a elevar la autoestima -, porque si no se está bien anímicamente es muy difícil cumplir con una de las claves de la tarea: brindar apoyo emocional.

 

Ayudar a los niños:

Cada hospital es un mundo diferente y las experiencias que se viven en ellos también. No es lo mismo trabajar con pacientes adultos que hacerlo con menores. Es con los chicos justamente donde las voluntarias tienen que demostrar mayor entereza.