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Nació
en Hungría en el año 316, pero desde
muy pequeño se fue a vivir a Pavia (Italia).
A los 15 años, siguiendo la voluntad de su
padre que era un oficial romano, se vio obligado
a entrar al ejército. Es en esa época
cuando, en un muy frío invierno, la tropa
romana ingresó a la ciudad francesa de Amiens.
Allí se encontró con un hombre casi
sin ropas, que tiritando de frío le imploró
caridad. Como no contaba con nada para darle se
quitó la capa y la cortó al medio
con su espada y cubrió con una de las mitades
al pobre hombre. Martín soportó la
burla de sus compañeros, pero esa noche Cristo
se le apareció en sueños vistiendo
la capa que había compartido con el mendigo
y diciéndole a Dios “TENIA FRÍO
PERO MARTÍN ME ABRIGÓ CON SU MANTO”.
Impresionado por el sueño, se hizo bautizar
y comenzó su vida dedicada a Cristo.
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Fundó
el primer monasterio que hubo en Francia donde estuvo
diez años estudiando las Sagradas Escrituras.
Los habitantes de los alrededores consiguieron por
su intermedio, muchas curaciones y milagros. Martín
siempre decía: "fui soldado por obligación
y por deber, y monje por inclinación y para
salvar mi alma".
En el año 371 fue invitado a Tours con el
pretexto de que viera a un enfermo grave, pero era
porque el pueblo quería elegirlo obispo.
Apenas llegó la multitud lo aclamó
como obispo de Tours, y lo obligaron a aceptar.
En
Tours fundó otro convento. Y gracias a la prédica,
los milagros y la bondad del nuevo obispo las conversiones
al cristianismo eran cosa de todos los días. A
los primeros que convirtió fue a su madre y a sus
hermanos que eran paganos. Recorrió todo el territorio
de su diócesis dejando en cada pueblo un sacerdote.
Él fue el fundador de las parroquias rurales en
Francia.
Cuenta
la tradición que habiéndose caído
por una escalera se le apareció un ángel
que le dio un aceite que trajo del cielo, con el cual
se curó frotándose las lastimaduras. La
gente se admiraba al verlo siempre de buen genio, contento
y muy amable, empleando siempre la bondad en su trato
con los demás.
Supo con anticipación cuando iba a morir. Sus discípulos
le pidieron llorando que no los abandonara. Falleció
en el año 397.
El medio manto que cortó con la espada para dar
al pobre, fue guardado en una urna y se le construyó
un pequeño santuario para guardar esa reliquia.
Como en latín para decir "medio manto"
se dice "capilla", la gente decía: "Vamos
a orar donde está la capilla". Y de ahí
viene el nombre de capilla, que se da a los pequeños
templos.
Es patrono de varios millares de parroquias en el mundo
entero. Sólo en Francia hay más de 3.500
y también allí existen 284 ciudades que
llevan su nombre.
Es el Santo Patrono de la Ciudad de Buenos Aires, desde
el 20 de Octubre de 1580. Ese día, según
se hizo constar en las actas del Cabildo, los cabildantes
españoles tomaron un sombrero e introdujeron en
él papelitos donde cada uno
Había escrito el nombre del santo que proponía.
Se mezcló cuidadosamente el contenido y se extrajo
uno. Con sorpresa los presentes leyeron el nombre “SAN
MARTÍN DE TOURS”. Como Era un santo francés
se decidió hacer la elección nuevamente.
Entonces se introdujo el papelito otra vez en el sombrero
y se mezcló con los que habían quedado.
Por tres veces se repitió la operación y
por tres veces consecutivas salió el nombre del
mismo santo. Lo cierto es que fue aceptado por decisión
divina y desde entonces “SAN MARTÍN DE TOURS”
se convirtió en el SANTO PATRONO DE LA CIUDAD DE
BUENOS AIRES.
El
templo donde se lo venera está ubicado en la calle
San Martín de Tours N° 2949, en el Barrio de
Palermo.
Existen
dos calles y una plaza que llevan su nombre. La Plaza
está ubicada en Av. Alvear entre Schiaffino y Posadas. |