9
de noviembre de 1946: Fallece el Dr. Salvador Mazza
Nació
en Buenos Aires, fue criado en Rauch y mostró
sus primeros reflejos de capacidad cuando a los
10 años ingresó al Colegio Nacional
de Buenos Aires.
Al
terminar sus estudios se inscribió en la
Escuela de Marina de Guerra, pero un problema
detectado a último momento durante la revisación
médica le cerró el camino.
Ingresó
a la Facultad de Ciencias Médicas, pero el sólo
estudio no le satisfacía: al mismo tiempo fue inspector
sanitario y participante de las campañas de vacunación
en la provincia de Buenos Aires, estas inclinaciones sanitaristas
empezaban a definirlo en su método, que no se limitó
al laboratorio o al despacho, sino que lo llevó
a hurgar en el interior del país, donde las endemias
hacían estragos.
Intercalando estudio, trabajo a nivel sanitario y participación
estudiantil, ya que formó parte del Centro de Estudiantes
de Medicina en varias ocasiones, Mazza se convirtió
en bacteriólogo, laboratorista clínico y
patólogo. Parece haber en su vida un factor común,
determinante, que es la acumulación de conocimientos
y experiencia con el afán de perfeccionar sus posibilidades
de investigación. Por esto mismo, y luego de dejar
la jefatura del laboratorio de la isla Martín García,
en donde los inmigrantes hacían cuarentena antes
de ingresar al país, inició una serie de
viajes por Europa donde estudió profilaxis de las
enfermedades infecciosas, sanidad militar y microfotografía,
entre otras especialidades.
Se graduó de médico en 1910, año
en que estudió y logró con el Dr. Rodolfo
Kraus una vacuna antitífica de una sola dosis.
En 1916 el ejército lo designa para el estudio
de las enfermedades infecciosas en Alemania, Austria y
Hungría en medio de la 1ra. Guerra Mundial.
A su regreso, en 1920, fue nombrado director del laboratorio
central del Hospital Nacional de Clínicas y docente
de la cátedra de Bacteriología.
En 1923 partió junto con su esposa rumbo a Francia
para iniciar un segundo período de perfeccionamiento
y en ese mismo año llegó a Túnez.
El director del Instituto Pasteur de esa colonia francesa
era el doctor Charles Nicolle, gran entomólogo
y bacteriólogo considerado como el segundo Pasteur.
El Dr. Mazza quedó cautivado por la cultura humanística
de Nicolle, en quien encontró un maestro definièndolo
como: "el padre espiritual de todos mis trabajos".
Después de un año y medio de recorrer el
norte de África, Mazza regresò a Buenos
Aires y a su llegada fue nombrado jefe del Laboratorio
y Museo del Instituto de Clínica Quirúrgica.
Mientras tanto, planeò y logrò que en 1925
el Dr. Nicolle llegara a Buenos Aires con el fin de estudiar
las patologías autóctonas, recorriendo el
Norte argentino. Al comprobar la situación de desamparo
de los médicos del interior frente a las graves
endemias, el médico francés decidió
apoyar a Mazza en el proyecto que venía planificando
desde hacía un tiempo: la creación de un
instituto que se ocupara del diagnóstico y estudio
de enfermedades de la zona, muchas de las cuales eran
desconocidas. Con este impulso, en 1926 se creó,
desde la Facultad de Medicina, la Misión de Estudios
de Patología Regional Argentina (MEPRA), en Jujuy
en el edificio de la Misión Mazza y en el famoso
vagón de ferrocarril laboratorio "E.600",
con Mazza como director. La MEPRA, comenzó una
recorrida por todo el interior del país y se dedicó
a enrolar médicos y científicos. Al mismo
tiempo, y para afianzar las investigaciones, nació
la Sociedad Argentina de Patología Regional: ahora
el estudio y diagnóstico de las endemias pasaba
a estar en franco proceso de federalización.
El Dr. Mazza murió en 1946, mientras dictaba una
charla en un congreso médico. Si bien la causa
principal fue un infarto, detrás del accidente
coronario -y según indican algunas anotaciones
de su médico personal- acaso haya estado presente
el Tripanozoma cruzi, parásito que provoca la enfermedad
de Chagas, la misma a
la que dedicó el mayor tiempo de sus investigaciones.
La
enfermedad de Chagas... su descubrimiento
A pesar de la existencia de trabajos antropológicos
que reportaron evidencias del mal en momias peruanas,
el verdadero descubrimiento tuvo lugar en el año
1909.
El protagonista fue el doctor brasileño Carlos
Ribeiro Justiniano Das Chagas, quien realizaba estudios
en Minas Gerais. Chagas tuvo un triple descubrimiento:
la enfermedad, la "vinchuca" como agente transmisor
y al "Trypanosoma Cruzi" (microorganismo causante
de la afección y que se reproduce en el intestino
del insecto).
Años más tarde, el médico argentino
Salvador Mazza confirmó los estudios del doctor
Chagas, a quien había conocido en Alemania.
En 1926, Mazza diagnosticó el primer caso de la
enfermedad en la Argentina. A pesar de las trabas burocráticas
y el descreimiento por parte de las autoridades sanitarias
argentinas de aquella época, Mazza continuó
su camino hasta lograr un mejor tratamiento que el iniciado
por el médico brasileño.
Convertido en un explorador sanitario, Mazza llevó
a cabo 11 viajes por el noroeste argentino y pasó
las fronteras llegando a Bolivia, Brasil y Chile.
En su
marcha, aparte de diagnosticar el primer caso americano
de leishmaniasis (enfermedad que afecta la piel y las
mucosas), retomó los estudios que Carlos Chagas
había realizado a principios de siglo en el Brasil
sobre la afección producida por el Trypanosoma
cruzi y que habían sido desprestigiados por la
comunidad científica brasileña. La vuelta a las investigaciones de Chagas tuvo lugar cuando
Mazza relacionó a los afectados por la sintomatología
del un mal común en el noroeste argentino (fatiga
crónica, afecciones cardíacas que ocasionaban
la muerte) con el hecho de que durante los primeros años
de sus vidas estuvieran expuestos a la picadura de unos
insectos parecidos a las cucarachas. Con gran laboriosidad,
consiguió establecer mil casos demostrados de la
enfermedad y descubrió la presencia del Trypanosoma
cruzi en los corazones enfermos.
En forma científicamente indiscutible, Mazza estableció
que el vector portador del mal era el Triatoma infestans,
conocido comúnmente como vinchuca, y que el parásito
era inoculado por el insecto mediante la picadura.
Triatoma
Infestans (Vinchuca).
Una vez identificada la enfermedad, y su vector, se estaba
en condiciones de combatirla, y el método postulado
por Mazza era la toma de conciencia por parte de la población
y, en especial, de las autoridades. La acción concreta
se basaba en mejorar las condiciones de vivienda para
erradicar la vinchuca, que anida en las paredes de barro.
Pero el instar a una mejor calidad de vida para las clases
populares, le costó al médico chocar contra
los intereses creados: las autoridades provinciales tomaron
como una locura el pedido de agua potable y sanitarios
considerando a Mazza como un enemigo. Por otra parte,
los infectados no terminaban de creerle que el mal era
originado por la acción de un insecto tan tímido
y común en lo cotidiano como la vinchuca. De todas
maneras Mazza no abandonó su prédica.
De pueblo en pueblo, se dedicó a hablar con médicos,
autoridades y público en general, buscando dejar
en claro que la única forma de combatir el mal
de Chagas era mediante una política sanitaria efectiva.
Y lo hizo hasta el día de su muerte, que no sólo
lo sorprendió a él sino también a
su proyecto. En 1959, la Universidad cerró definitivamente
la delegación Buenos Aires de la MEPRA por considerarla
innecesaria. Se perdieron sus preparados y archivos de
investigación. La organización que había
tejido en la mayor parte del territorio nacional comenzó
a desmoronarse.
Pero
su legado es muy fuerte y la obra continúa en pie,
sostenida por médicos e investigadores que no dejan
de luchar contra el hoy llamado mal de Chagas-Mazza y
contra las necesidades que continúan insatisfechas.
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