En octubre de 1957, los rusos enviaron el Sputnik I, el
primer satélite del mundo. El 3 de noviembre de ese
año, la humanidad asistía asombrada a la puesta
en órbita del Sputnik II, que llevaba a la primera
criatura viviente, la perra Laika.
Laika
había sido recogida vagabundeando por las calles
de Moscú, y fue preparada para la misión espacial.
En el Congreso Mundial del Espacio, realizado recientemente
en Houston, Estados Unidos, Malashenkov contó que
los expertos de la ex Unión Soviética debieron
trabajar mucho para adaptar a un grupo de perros a las condiciones
de la estrecha cabina del Sputnik II. Se los iba metiendo
en forma gradual en jaulas cada vez más pequeñas,
por períodos superiores a 15 o 20 días.
Para
el vuelo del Sputnik II se preparó a las perras Albina,
Laika y Mushka. Albina fue la primera que voló dos
veces en un cohete de gran altura. Y Mushka fue utilizada
para testear el instrumental y los soportes de vida.
Malashenkov
contó que a Laika se le había preparado comida
en forma de gelatina, y que se la había atado para
evitar que diera vueltas en el aire, a causa de la falta
de gravedad.
A
las pocas horas del lanzamiento del Sputnik II, las autoridades
soviéticas precisaron que no estaba previsto que
Laika regresara con vida —aún no se había
desarrollado tecnología para recuperar satélites—,
y que moriría en el espacio. La revelación
levantó muchas críticas, en especial de entidades
protectoras de los animales.
En
su momento se afirmó que Laika sobrevivió
por lo menos cuatro días en el espacio, y quizás
hasta una semana, cuando comenzaron a fallar los transmisores
del Sputnik.
Pero
ahora, Malashenkov reveló que se había dejado
de recibir señales vitales de la perra entre cinco
y siete horas después de iniciado el vuelo.
A pesar de haber sobrevivido apenas unas horas, Laika pasó
a la historia de la conquista espacial, pues la información
que proporcionó sirvió para demostrar que
un organismo vivo podía tolerar un período
prolongado en la ingravidez.
Mejor
suerte tuvieron, en agosto de 1960, las perras Belja y Strelka,
lanzadas a bordo del Sputnik V y recuperadas vivas al día
siguiente, tras 18 órbitas alrededor de la Tierra.
En
noviembre de 1961, los estadounidenses enviaron a Sam, el
primer chimpancé, siete meses después de que
el soviético Yuri Gagarin se convirtiera en el primer
hombre en viajar al espacio.
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