La
institución del 2 de Noviembre, como “El
día de los muertos por la patria”,
se debe a la iniciativa de un docente, el profesor correntino
Dr. José Alfredo Ferreira, en el año 1910.
Nuestros propios héroes:
“No hay amor más grande que dar
la vida por un amigo”, nos enseñó
Jesús.
Quienes
dieron su vida por la Patria lo hicieron por millones de
compatriotas, contemporáneos y venideros, demostrando
una valentía suprema y un amor inconmensurable.
La guerra es uno de los males más antiguos e inexplicables
de la historia de la humanidad. Nacida de la ambición
y soberbia del hombre, no conlleva en sí misma ni
el más mínimo factor positivo, y por el contrario
sigue costando, aún en nuestros tiempos, millones
y millones de vidas y de recursos que podrían destinarse
al progreso de los pueblos, a la disminución de la
pobreza y al bienestar social.
Afortunadamente, la historia de nuestro país no es
abundante en conflictos bélicos, más allá
de las batallas por la Independencia y de la triste experiencia,
en tiempos recientes, de la guerra de las islas del Atlántico
Sur. Las miles de víctimas que han dejado estos enfrentamientos
quedan quizás representadas en el Sargento Juan Bautista
Cabral, quien dio su vida heroicamente por defender al General
José de San Martín en la Batalla de San Lorenzo
(1813).
El Sargento Cabral fue uno de los tantos hombres y mujeres
que murieron luchando por la grandeza de nuestra Nación,
comenzando por los miles de soldados desconocidos que combatieron
en las guerras para lograr nuestra Independencia, empuñando
las armas con gran valor en las filas patrióticas
junto a líderes como Manuel Belgrano y el propio
San Martín. Y también los miles de jóvenes
que debieron ir a luchar en desigualdad a las islas Malvinas,
de manera injusta y por una decisión absolutamente
irracional.
El
sacrificio de todos estos mártires tiene un enorme
valor para todos los argentinos, sin importar el resultado
de las batallas en las que participaron. En este día
los recordamos y les agradecemos también a todos
los hombres y mujeres civiles que, desde los primeros tiempos
de nuestro sueño como Nación, fallecieron
cumpliendo el deber de defender a la Patria (por ejemplo,
durante las invasiones inglesas de principios del siglo
XIX).
Porque defender a la Patria es actuar con heroísmo,
con valentía y generosidad supremas. Es ofrecer la
propia vida a las generaciones futuras, buscando que los
argentinos vivan y sueñen con un país justo,
libre y soberano. Así se manifiesta
claramente en las sentidas palabras que el General Lucio
Mansilla dirigió a sus tropas antes del combate de
Vuelta de Obligado (el 20 de noviembre de 1845), cuando
la poderosa armada anglo-francesa se internó en el
Río Paraná: “No dejemos
que insulten a nuestra Patria, y muramos todos antes de
ver bajar el pabellón azul y blanco de donde flamea”.
FUENTE:
EDUCARED |