Carta
de los jóvenes para un siglo XXI libre de
drogas
Preámbulo
Recordando la Convención sobre los Derechos
del Niño, del 20 de noviembre de 1989, y
su artículo 33, que obliga a los Estados
a proteger a los niños contra el uso ilícito
de estupefacientes y sustancias sicotrópicas
y a impedir que se utilice a niños en su
producción y el tráfico,
Recordando
que en la mencionada Convención figuran disposiciones
acerca de la libertad del niño de expresar
su opinión y dar su parecer sobre todos los
asuntos que le conciernan y acerca de su derecho
a tener libre acceso a la educación y a la
información,
Recordando
igualmente los convenios en vigor de las Naciones
Unidas relativos a la lucha contra los estupefacientes
y que en ellos hay disposiciones que tienen por
objeto proteger a los niños frente al consumo
y el tráfico ilícito de drogas,
Recordando
en particular que el preámbulo de la Convención
de 1988 afirma que la preocupación de proteger
a los niños es una de sus exigencias básicas
y subraya “la utilización de niños
en muchas partes del mundo como mercado de consumo
y como instrumentos para la producción, la
distribución y el comercio ilícitos
de estupefacientes y sustancias sicotrópicas,
lo que entraña un peligro de gravedad incalculable...”
Nosotros, niños y jóvenes
del mundo entero, afirmamos nuestra adhesión
a los siguientes principios:
Principio I – Para un mundo de
paz
Considerando que vivimos en un mundo en el que el
tráfico y el consumo de drogas amenazan el
desarrollo y el progreso de nuestras sociedades
y que acarrean cada vez más violencias, criminalidad,
explotación y otras violaciones de nuestros
derechos, pedimos encarecidamente a nuestros países
que actúen contra estas amenazas y que, para
ello, garanticen la paz, la libertad, la democracia,
la solidaridad, la justicia, la protección
del medio natural y el acceso al empleo.
Principio II – Un marco de vida
que dé seguridad y propicie el desarrollo
de la persona
Por padecer la presencia de drogas incluso en nuestro
entorno inmediato, exigimos de las autoridades competentes
un marco de vida que dé seguridad y que proteja,
que no facilite ni la circulación de drogas
ni su consumo; lugares donde encontrarnos, alcanzar
nuestro pleno desarrollo y tener acceso a actividades
constructivas, entre otras culturales y deportivas.
Principio III – La realización
y el desarrollo personales
Constatando que las primeras experiencias con drogas
están motivadas muchas veces por la curiosidad,
el no tener nada que hacer, la falta de confianza
en uno mismo, la indiferencia y la violencia de
quienes nos rodean, y asimismo por las dificultades
y los padecimientos de la vida cotidiana, afirmamos
la necesidad de que se satisfagan nuestras necesidades;
se nos trate con dignidad y respeto; se nos aliente
a preservar nuestros valores, nuestros sueños,
nuestros proyectos de vida; a que se nos valorice
en tanto que personas, por nuestras competencias
y teniendo en cuenta nuestras acciones positivas.
Principio IV – La información
y la educación preventivas
Afirmando que las drogas son la negación
misma de la vida, que son perjudiciales para nuestra
plenitud personal, destruyen la salud y pueden acarrear
la muerte, reclamamos el acceso desde la infancia
a una información apropiada y a una educación
preventiva adaptadas a nuestras necesidades, así
en la escuela como en nuestra vida cuotidiana.
Principio V – La precaución
y la ayuda mutua entre los jóvenes
Considerando que las drogas alteran las facultades
de discernimiento y la conciencia de los propios
actos y que su consumo es perjudicial para la libertad
del individuo y sus relaciones con los demás,
afirmamos el derecho a controlar nuestra propia
existencia y el deber de ayudar a quienes nos son
próximos a hacer otro tanto o a volver a
poder hacerlo, así como el deber de proteger
este derecho para los más jóvenes.
Principio VI – La ayuda y la asistencia
a las personas tóxico dependientes
Conscientes de los riesgos de enfermedades graves,
como el SIDA y las hepatitis vinculadas a algunos
consumos de drogas, y de la falta de interés
escolar, profesional y social que la drogodependencia
ocasiona, recordamos que toda persona toxico dependiente
tiene los mismos derechos que las demás y
que no se la puede discriminar por su estado; además,
tiene derecho a recibir ayuda, asistencia y afecto
y a disfrutar de un acceso sin condiciones a los
cuidados que precise.
Principio VII – La responsabilidad
y la coherencia de los padres, los profesores y
los tutores
Insistiendo en la función que incumbe a los
adultos en materia de educación y de prevención
y en las necesidades de equilibrio y de afecto de
los más jóvenes, afirmamos que corresponde
a los padres, los profesores y los tutores darnos
ejemplo de una actitud sana respecto de las drogas,
lícitas e ilícitas; nuestra necesidad
de dialogar libremente con ellos sobre la cuestión
y de poder contar con sus consejos y su afecto;
nuestro derecho a no ser ni víctimas de su
uso indebido de drogas ni a ser alentados a compartir
su consumo.
Principio VIII – La libertad a
negarse a las drogas
Considerando que muchos jóvenes se acercan
a las drogas porque en su grupo hay quienes las
consumen o se las proponen, proclamamos nuestro
derecho a negarnos a consumir drogas y a que los
demás respeten nuestra opinión; a
la valorización de una opción favorable
a nuestra salud para que podamos oponernos libremente
a una oferta de drogas en nuestro entorno.
Principio IX – El acceso a la
información y la intervención de los
medios de comunicación
Considerando el lugar excepcional que los medios
de comunicación ocupan en nuestra vida, recordamos
que esperamos de ellos una información fiable
y objetiva y una participación significativa
en la prevención; y más vigilancia,
para no vernos expuestos ni a publicidades ni a
mensajes favorables a las drogas, tanto lícitas
como ilícitas.
Principio X – La acción
internacional contra el tráfico y la producción
de drogas
Condenando a quienes comercian con nuestras vidas
y destruyen nuestra salud, exigimos de las naciones
del mundo que cooperen en la lucha contra el tráfico
de drogas, que adopten legislaciones que lo repriman
severamente y que velen por su aplicación;
pedimos a los Estados y a las organizaciones internacionales
que faciliten una ayuda económica a los países
y a las poblaciones pobres que les permita encontrar
fuentes de ingresos que no sean los procedentes
de la producción y la venta de drogas.
Principio XI – La participación
de los jóvenes en la adopción de decisiones
Considerando que las drogas no sólo ponen
en peligro a nuestra generación sino también
a las generaciones futuras; deseando que no haya
ningún niño cuya vida esté
dominada por las drogas, reivindicamos el derecho
a participar junto a organizaciones y asociaciones
que intervienen en la lucha contra las drogas en
todos los planos de la sociedad; a adoptar por nosotros
mismos decisiones que beneficien a nuestros hijos.
Principio XII – Para un siglo
XXI libre de drogas
Nosotros no hemos hecho el siglo XX, hemos nacido
en él; tenemos derecho a querer un siglo
XXI libre de las drogas, una sociedad libre de drogas
y, además de pensar en ello, a actuar para
que así sea.
Nosotros, niños y jóvenes
del mundo entero, nos comprometemos solemnemente
a:
1. combatir el consumo y el uso indebido
de drogas;
2.
no consumir drogas y dar ejemplo;
3.
disuadir a quienes nos rodean de consumirlas;
4.
recibir y difundir informaciones sobre los perjuicios
que las drogas causan;
5.
prevenir y proteger a nuestros iguales y a los más
jóvenes de entre nosotros;
6.
unirnos, ayudarnos mutuamente para que otros no
cedan;
7.
escuchar a los demás y esforzarnos por resolver
los problemas de los jóvenes;
8.
aumentar nuestra valentía, nuestra responsabilidad
y nuestra personalidad;
9.
no rechazar, sino ayudar a quienes consumen drogas
y a los toxicómanos;
10.
defender nuestros derechos ante las autoridades
competentes;
11.
hacer que el mundo y el futuro sean mejores y ser
actores en ellos;
12.
concluir un pacto mundial entre jóvenes para
un siglo XXI libre de drogas, una sociedad libre
de drogas, unos jóvenes que no consuman drogas,
unas escuelas libres de drogas, unas calles...
Por
todo lo anterior, nosotros, niños y jóvenes
del mundo entero, deseamos que los Jefes de Estado
y de Gobierno y los legisladores tengan presentes
los principios de esta Carta en las políticas
que conciban y pongan en práctica.
FUENTE:UNESCO |