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En
esta ciudad, además, se casó en 1913 con Julieta Quinteros,
la hija del Gobernador de Tucumán. Desde muy joven
comenzó a demostrar una excepcional vocación por la
literatura: a la edad de 15 años empezó a publicar
artículos y poemas en los periódicos locales de Santiago,
y recién llegado a Buenos Aires se expresó a través
de la revista Ideas, fundada en 1903 por Manuel
Gálvez, y se inició como periodista en el staff de El País, periódico que respondía a Carlos
Pellegrini. A partir de 1900 fue colaborador de Caras
y Caretas y de La Nación desde 1904. Sus
artículos y poemas fueron recogidos, posteriormente,
en los más importantes diarios y antologías de España
y Sudamérica.
Sus
estudios se habían interrumpido en Santiago del Estero,
y nunca obtuvo ningún grado universitario, y aunque
comenzó a estudiar Leyes, abandonó la carrera por
sus trabajos literarios. Aún así, su prestigio le
brindaría dos cargos universitarios y la membresía
en varias sociedades científicas, incluso de la Academia
Real de Letras de Madrid, de la Sociedad de Historia
y Numismática de Buenos Aires, y del Consejo Académico
de la Universidad de La Plata. Su educación fue el
resultado de sus propios esfuerzos: fue un verdadero
autodidacta, disciplinado y constante con sus estudios
particulares. Fue un gran lector, pero ademá, a los
37 años de edad ya era autor de 20 obras y un referente
en el panorama literario nacional.
Su
primer libro fue una colección de versos titulado La victoria
del hombre, que apareció
en 1903, y fue prologado por Guido y Spano en Argentina
y don Miguel de Unamuno en España.
Entre
1907 y 1908 fue a estudiar a Europa, y visitó España,
Inglaterra, Italia y Francia. En el Viejo Mundo publicó
varias obras, entre ellas El
alma española, de
crítica literaria. A su regreso, presentó sus memorias
de viaje en La Nación de Buenos Aires con el título
de Cartas de
Europa. Entonces,
también apareció su libro más controversial, La
restauración nacionalista,
en el que marcaba la necesidad de reformar la educación
argentina, de acuerdo con sus ideales de nacionalidad
y de civilización. En 1909, la Universidad de La Plata
lo invitó a ocupar el cargo de Literatura Española
y tres años después la Universidad de Buenos Aires
lo propuso como el primer profesor de Literatura Argentina.
Bajo estas influencias académicas escribió Bibliografía
de Sarmiento, Poesías de Cervantes e Historia de la Literatura Argentina,
una obra que repasa el pensamiento argentino hasta
1917. Su obra más conocida es "El Santo de la
Espada", biografía del General San Martín.
Rojas
integró la "generación del Centenario",
que estaba integrada por un grupo de jóvenes intelectuales
nacidos entre 1876 y 1886, que admiraban la obra de
la generación que los había antecedido, pero eran
críticos de las consecuencias que esa labor había
traído al país. Atacaban el materialismo dominante
y la falta de ideales, el cosmopolitismo del ´900
y la pérdida de la identidad. Por eso, sus escritos
se orientaron principalmente al estudio de los orígenes
y la formación de la nacionalidad argentina.
Cuando
estalló la Primera Guerra Mundial, se dedicó a escribir
artículos y pronunciar conferencias en las que promovía
el más ferviente pacifismo. El Gobierno de Francia
le reconoció esta labor y en 1922 le otorgó la Cruz
de la Legión de Honor. Ese año, Rojas creó el Instituto
de Literatura Argentina de la Facultad de Filosofía
y Letras de la Universidad de Buenos Aires, que con
el tiempo se convertiría en el centro de investigaciones
folklóricas y de musicología indígena más importante
del país. También sería el fundador del Instituto
de Filología, del Gabinete de Historia de la Civilización,
y de la Escuela de Archivistas, Bibliotecarios y Técnicos
para el servicio de Museos.
Por
unanimidad de votos, fue elegido Rector de la Universidad
de Buenos Aires en marzo de 1926, y permaneció al
frente de esa casa de estudios hasta 1930. En 1934,
por su destacada militancia en el radicalismo, fue
confinado por algunos meses en el penal de Ushuaia,
junto a otros muchos dirigentes radicales. |