El
suelo tiene diversas características y se ha formado a lo
largo del tiempo como consecuencia de las condiciones específicas
del sustrato y del resto de los elementos del medio ambiente.
Debido a esta acción armónica, física, química y biológica,
se forma una capa superficial bien diferenciada, que constituye
el suelo. Este conforma un sistema complejo y en equilibrio
dinámico, compuesto por elementos bióticos e inorgánicos
y es el resultado de un extenso proceso de generación en
el cual intervienen el clima, el relieve, los organismos
vivos y el tiempo, alterando profundamente el material originario
denominado roca madre.
Desde el punto de vista físico, el suelo es un sistema poroso
pues, aunque de apariencia sólida, contiene agua y aire
en proporciones variables. Ambos elementos son fundamentales
para el desarrollo de la vida en el suelo y deben guardar
cierto equilibrio. Las partes sólidas están constituidas
por minerales y materia orgánica. Los desechos vegetales
y animales que se producen a lo largo del tiempo concentran
en el suelo elementos nutrientes, principalmente en las
partes superiores del mismo. La más superficial de ellas,
la capa fértil, es de espesor variable según el suelo del
que se trate. Generalmente su color es más oscuro por su
mayor contenido de materia orgánica, que se transforma constituyendo
el humus. Su estructura desarrollada y estable le permite
absorber y almacenar importantes cantidades de agua de lluvia.
La acción de labrar los suelos con la finalidad de cultivarlos,
provoca la remoción de la cubierta vegetal y el equilibrio
dinámico aludido es perturbado rápidamente, comenzando a
producirse cambios, en general, difícilmente perceptibles.
Al ser removida la vegetación para cultivarlos, lo cual
implica usualmente un movimiento de la capa arable, provoca
la mineralización del humus y una serie de cambios en las
características físico – químicos del suelo. Esta acción
desata una serie de procesos degradatorios o deteriorantes
que se intensifican con el correr del tiempo en una magnitud
y extensión que dependerá de las técnicas agronómicas que
se aplican en su transcurso. Pueden ser atenuadas pero casi
nunca evitadas.
Un trabajo de la FAO expresa que “los procesos de modificación
artificial de los ecosistemas a través de los cuales se
expande la explotación económica de los recursos agrícolas,
no necesariamente determinan un deterioro de las condiciones
ambientales” y que “no existe deterioro si el impacto ambiental
de dichas modificaciones se mantiene dentro de límites compatibles
con la preservación de la capacidad de regeneración del
sistema y con la estabilidad a largo plazo de sus propiedades
fundamentales”. Para ello deben administrarse los medios
conservacionistas adecuados que distribuyan el impacto en
el período más prolongado posible y que impidan al máximo
la degradación y el consecuente deterioro. Aun los suelos
más aptos y resistentes al laboreo agrícola sufren procesos
degradatarios al cabo de determinado tiempo.
El avance de los desiertos es un tema de candente actualidad
y en muchos países se ha encarado su estudio en una tentativa
de salvaguardar lo que aún no ha sido destruido por el hombre.
Definimos
a la CONSERVACION DEL SUELO, como las tecnologías
aplicadas a la producción agropecuaria, que permitan obtener
del suelo agrícola, una producción constante y/o en paulatino
ascenso.
Son muchas las razones que han provocado la destrucción
y el agotamiento de los suelos, pero poco podemos ganar
pasando revista a los errores cometidos, a menos que éstos
nos ayude a evitar los peligros del futuro. Mientras tanto
y aprovechando las lecciones del pasado, debemos entender
ahora:
-
Que
los suelos productivos no son ni ilimitados ni inagotables;
por el contrario, hemos aprendido que la extensión de
los suelos productivos se reducen constantemente por
efecto de la erosión.
-
Que
el suelo debe ser cultivado por manos expertas, si es
que se desea conservarlo en estado productivo.
-
Que
la productividad del suelo debe ocupar un lugar cada
vez más prominente en el pensamiento de los pueblos
y de sus conductores. Como fuente de alimentos para
toda la población, tanto rural como urbana, debe ser
objeto de la consideración inteligente y permanente
que merece una riqueza tan indispensable.
-
Que
dado que la sociedad entera depende absolutamente de
la producción del suelo para la existencia presente
y futura, la sociedad entera debe participar de las
responsabilidades y de los gastos para mantener el suelo
en producción.
-
Que
la ciencia debe dedicar inevitablemente una proporción
creciente de sus esfuerzos a los problemas de mantenimiento
y mejoramiento del suelo productivo.
-
Que
es imperativa la acción conservacionista; el tiempo
corre entre las amenazadoras tenazas del ritmo creciente
de la población.
-
Que
la clave tecnológica para las consideraciones futuras
del aprovechamiento del suelo es el análisis científico
de cada lote de tierra.
-
Que
el tratamiento práctico debe estar basado en ese análisis,
es decir, el carácter del suelo y sus necesidades. Todos
los suelos no son iguales; varían en grado sumo de un
lugar a otro y hasta en distintas partes de un mismo
campo. Toda variación en la combinación de suelos, relieve,
clima y susceptibilidad a la erosión, significa una
variación en el uso y en el manejo necesarios para mantener
la tierra permanentemente productiva.
Estos son los principios básicos que fundamentan la
nueva tecnología de los suelos, a la larga el extraordinario
instinto de conservación de la humanidad exigirá que
cada hectárea de suelo sea trataba en forma tal como
para mantenerla indefinidamente en producción.
Tanto desde el punto de vista del individuo, como el
de las naciones, el desarrollo y la aplicación de la
tecnología de conservación de suelo y del agua es un
buen negocio, dando como resultado mayores cosechas
a cambio del capital y del trabajo empleado. Además,
conservar y mejorar la potencia fundamental y la confianza,
tanto del individuo como de la nación. Probablemente,
las técnicas de conservación del suelo evitarán por
lo menos el 50% de los problemas potenciales del hombre
en el futuro.
Aumentando el rendimiento por hectárea con respecto
a los alimentos y las fibras, la conservación puede
proporcionar la base para mejorar los niveles de vida
y reducir simultáneamente el hambre y el descontento
entre los pueblos, que con tanta frecuencia conducen
a la discordia y las guerras. |