Un
poco de historia:
Durante
la segunda mitad del Siglo XIX, cuando no se conocían
otros medios de transporte que los tranvías de tracción
animal y los ómnibus, nacía la necesidad de idear
un sistema capaz de trasladar aceleradamente a los pasajeros,
entre el centro y la periferia de las grandes urbes.
Muchas ciudades del viejo continente -especialmente Londres-
se preocuparon por establecer ferrocarriles urbanos a nivel
y subterráneos, aunque en principio no dieron los resultados
esperados, fundamentalmente debido al uso de locomotoras a vapor.
La Ingeniería encontró en la electrificación
la solución al anacronismo de los sistemas de transporte
y así comenzó la revolución del tráfico
urbano.
El
crecimiento de la ciudad de Buenos Aires y su tráfico
eran tan asombrosos que, según crónicas de la
época, la construcción de transportes subterráneos
acelerados se convertía en una solución adecuada
para "este fenómeno de las épocas modernas".
Las estadísticas indicaban que en sólo diez años,
entre 1903 y 1913, el número de habitantes creció
de 895.381 a 1.457.885; los automóviles de 60 a 7.138;
el número total de coches y automóviles de 4.851
a 13.649 y el número de pasajeros que viajaban en tranvía
paso de 133.719.298 a 407.252.540.
Desde
1898 comienzan a sucederse proyectos, leyes y ordenanzas sobre
transporte ferroviario subterráneo de pasajeros hasta
que finalmente, el 21 de diciembre de 1909 la "Compañía.
de Tranvías Anglo Argentina" fue autorizada a construir
y explotar lo que hoy conocemos como Línea A.
Sólo 12 ciudades del mundo disfrutaron del subterráneo
antes que Buenos Aires : Londres (1863), Atenas (1869), Estambul
(1875), Viena (1893), Budapest (1896), Glasgow (1897), París
(1900), Boston (1901), Berlín (1902), Nueva York (1904),
Filadelfia (1907) y Hamburgo (1912).
La
Línea A:
La
obra y la explotación de la Línea A fueron concedidas
a la empresa "Cía. de Tranvías Anglo Argentina",
que tardó 26 meses en llevarla a cabo.
Fue
el Presidente Roque Sáenz Peña, acompañado
por el Intendente Municipal Dr. Joaquín de Anchorena,
quien inauguró las obras de construcción de la
Línea "A" , el 15 de setiembre de 1911.
La primera etapa, hasta Plaza Miserere, fue inaugurada el 1º
de diciembre de 1913; el 1º de abril de 1914 llegó
hasta Río de Janeiro, y 90 días más tarde
se inauguraba el tramo final hasta Primera Junta, completando
un recorrido de 7.035 m, dividido en 14 estaciones.
De
su construcción puede señalarse que fue la única
obra de este tipo realizada íntegramente "a cielo
abierto" e insumió el trabajo de 1.500 personas
y se excavaron 440.000 m3 de tierra que fueron utilizados para
rellenar las zonas bajas aledañas al cementerio de Flores
y la Avda. Velez Sarsfield. Fueron necesarios para su realización
31 millones de ladrillos, 108.000 barricas de 170 Kg. de cemento,
13.000 toneladas de tirantes de hierro y 90.000 m2 de capa aisladora.
Los detalles de su terminación, iluminación, ventilación
y estética, fueron cuidadosamente elaborados, destacándose
como ejemplo la utilización de distintos colores de azulejos
para las guardas de cada estación, al efecto de que quienes
no supieran leer pudieran ubicar sencillamente su estación
de destino.
Los
diarios de la época comentaron extensamente la marcha
de las obras y su inauguración el 1º de diciembre
de 1913. Al día siguiente, primera jornada de habilitación
al público, viajaron en el Subte 170.000 pasajeros.
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