Ese
día tuvo lugar una catástrofe sin precedentes
en la historia de la industrialización. El reactor n°4
de la central nuclear de Chernóbil, en Ucrania, sufrió
un grave accidente, con fusión del núcleo, que
provocó la liberación de toneladas de material
altamente radiactivo a la atmósfera.
Los elementos radiactivos expulsados (entre otros: iodo 131,
celsio 137 y 134, estroncio 90 y plutonio 239) crearon masas
de aire contaminado: una nube radiactiva. Esta nube, arrastrada
por el viento, no sólo afectó a la zona próxima
a la central sino que esparció su radioactividad por
casi toda Europa. También alcanzó a España,
especialmente a Cataluña y Baleares .
Una parte importante de las emisiones de radioactividad (un
25%) se produjo en las 24 horas que siguieron a la explosión
que tuvo lugar en el reactor; el resto fue emitido en el transcurso
de los 9 días siguientes que duró el intenso incendio
que se declaró. En la extinción del fuego y otras
tareas de urgencia en los días inmediatos al accidente,
intervinieron cerca de 600.000 personas (los llamados "Liquidadores").
Trabajaron sin protección y sin que se controlaran las
elevadas dosis de radiación que recibían.
Con retraso de varios días y en forma ineficaz, se evacuó
a las personas que habitaban en una franja de 30 Km. alrededor
de la centra: un total de 135.000 personas.
El peligro no ha pasado. Aún queda activa una parte del
núcleo en el interior de las ruinas del reactor accidentado.
Para confinarlo se tuvo que realizar una construcción
de acero y hormigón de 50 metros de altura: el sarcófago.
Construido apresuradamente, en condiciones muy difíciles,
y sin las estructuras necesarias para soportar su carga extra,
el sarcófago está en condiciones lamentables y
deja escapar radioactividad en forma continuada. Pero este problema
es insignificante si lo comparamos con la radioactividad que
se liberaría si algunas secciones del sarcófago
se derrumbaran.
Consecuencias de la Catástrofe
Los efectos de la catástrofe de Chernóbil todavía
se sienten por todo el continente Europeo. Oficialmente se ha
reconocido que el área contaminada es de 131.000 Km.,
algo así como 3 veces el tamaño de Bélgica
.
Los daños a la salud pública que actualmente se
conocen parece que sólo son la punta del iceberg, puesto
que muchas enfermedades tardan décadas o incluso generaciones
en manifestarse.
El Ministerio de Salud de Ucrania y la Organización Mundial
de la Salud han reconocido la existencia de más de 10.000
víctimas mortales como consecuencia del accidente. Sólo
en territorio de la antigua Unión Soviética se
esperan más de 500.000 muertos en los próximos
10-15 años.
Según datos oficiales, más de 4.000.000 de personas
viven en zonas altamente contaminadas, que deberían haber
sido evacuadas.La revista New Scientist publicó en Abril
de 1991 un estudio independiente cuyos resultados son mucho
más negativos, ya que establece en 8,5 millones de habitantes
la población afectada que vive en zonas contaminadas.
La combinación de vivir en una tierra contaminada y el
consumo de alimentos afectados por la radiactividad está
incrementando gravemente los daños sobre la salud.
Además de las víctimas mortales, ya mencionadas,
y las malformaciones congénitas y deformaciones que,
como consecuencia de las mutaciones, están apareciendo
entre la población nacida después del accidente
(Los niños de Chernóbil), los índices de
diversas enfermedades están aumentando en toda el área
afectada.
El costo económico se ha cifrado en 40 billones de pesetas.
El gobierno de Ucrania destina anualmente el 11 % de su producto
Interior Bruto a intentar paliar las consecuencias del accidente.
Algunas
lecciones que nos deja Chernóbyl
La catástrofe de Chernóbil ha dejado claro que
las consecuencias ecológicas, sanitarias y económicas
de un accidente nuclear son muy elevadas, con seguridad incalculables.
El accidente de Chernóbil ha demostrado también
que la energía nuclear es una amenaza que no conoce fronteras,
ya que la radiactividad liberada a causa del accidente contaminó
lugares situados a miles de kilómetros de la central
siniestrada.
Las autoridades ucranianas reconocen la existencia, de amplias
zonas fuera del área de exclusión de 30 Km. alrededor
de la central, que están mucho más contaminadas
radiactivamente que otras del interior de la misma. Este hecho
incuestionable deja en evidencia la inutilidad de los planes
de emergencia nuclear y las zonas de exclusión contempladas
por estos.
Ningún
reactor nuclear es seguro
Los reactores nucleares que funcionan en Occidente tampoco son
seguros. El siguiente accidente en gravedad, tras Chernóbil,
ocurrió en 1979 en la central de Three Mile Island (Harrisburg,
EE.UU), donde también se produjo una fusión del
núcleo. En España en 1989 nos libramos por muy
poco de una tragedia similar en Tarragona, a causa del accidente
acaecido en la central Vandellós 1, que obligó
a su cierre definitivo.
Con
una planificación energética más racional
basada en la eficacia energética y las energías
renovables, en muy poco tiempo podrían cerrarse, sin
ningún problema, todas las centrales nucleares, evitando
así grandes riesgos, la generación de peligrosos
residuos radiactivos y la continuación de un negocio
altamente ruinoso que sobrevive a costa de la factura de la
luz de todos los ciudadanos.
Fuente:
Geenpeace España.
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