
Domingo
Fautino Sarmiento
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Nació
en San Juan el 15 de febrero de 1811. Su familia era una de
las más antiguas de la región, tanto por los parentescos de
su madre como por los de su padre, pero cuando él nació esa
familia se encontraba en la pobreza. El matrimonio de José
Clemente Sarmiento y Paula Albarracín tuvo muchos hijos, pero
varios de ellos fallecieron antes de llegar a la juventud.
Así fue como Domingo se convirtió en el único hijo varón.
Mientras doña Paula mantenía el hogar con el producto de sus
tejidos, don José Clemente aportaba dinero cuando conseguía
algún trabajo. Así pasó la infancia de Sarmiento. A los cuatro
años ya sabía leer y escribir, gracias a las enseñanzas de
uno de sus tíos, el sacerdote José de Oro.
Cursa
la instrucción primaria en la "Escuela de la Patria"
de su ciudad natal, en esa época una de las mejores del país:
por su inteligencia y contracción al estudio se lo proclama
"primer ciudadano" de la escuela. Dos veces intentó
continuar sus estudios en Buenos Aires, pero no pudo. |
A los 15 años, acompañando
a su tío, don José de Oro, funda en San Francisco del Monte (San
Luis), la primera escuela entre los centenares que se le deben.
Allí concibe la idea de que el progreso de la patria está
en la educación pública, idea que es el eje y la fuerza motriz de
toda su vida. Al año siguiente, volvió a San Juan, donde trabajó
dos años como dependiente de almacén y en los ratos libres, se dedica
a leer sin cansancio. Toma como modelo a Franklin.
Se ve obligado por las circunstancias a tomar partido en la política
y entonces se decide por el unitarismo y se lanza a la guerra civil.
En 1831, tras el triunfo
de Facundo Quiroga, Sarmiento emigra a Chile. Es maestro en una
escuela donde gana 13 pesos mensuales de sueldo. Luego es dependiente
de tienda en Valparaíso y con la mitad de su sueldo se costea sus
estudios de inglés. Pasa más tarde a ser mayordomo en las minas
de Copiapó. Pero por razones de salud vuelve en 1836 a San Juan.
Allí funda una sociedad dramática y luego en 1838, junto con varios
jóvenes ilustrados, la Sociedad Literaria, filial de la Asociación
de Mayo. Lee durante dos años infinidad de libros. Funda el Colegio
Santa Rosa, para mujeres, y su primer periódico: El Zonda (1839).
El 18 de noviembre
de 1840 salva milagrosamente su vida y al día siguiente, toma
la decisión del destierro. Es cuando escribe aquella frase en una
de las rocas de los Andes: "Bárbaros, las ideas no se matan":
En Chile despliega gran actividad y se dedica a la política, apoyando
a don Manuel Montt, su amigo y protector. Colabora en distintos
periódicos, dirige la primera escuela normal de Sudamérica (1842),
es nombrado miembro del cuerpo académico de la Facultad de Filosofía
y Humanidades al fundarse en 1843 la Universidad de Chile, donde
auspicia la simplificación ortográfica. Con Vicente Fidel López
crea un colegio particular, el Liceo. Durante tres años (1842-1845)
dirige El Progreso, primer diario, cronológicamente hablando, que
aparece en la capital chilena. Publica varios textos escolares,
cartillas y silabarios; dos millones de niños chilenos aprenden
a leer por su Método de lectura gradual (1845). Desde el punto de
vista literario, esa estadía de Sarmiento en Chile es la más fructífera
de su existencia. A parte de numerosos artículos periodísticos edita
"Mi defensa" (1843) y su trabajo sobre Aldao (1845), y
gracias al obtenido se dedica a escribir Facundo (1845).
Viaja por Europa y
Estados Unidos entre los años 1845 a 1848 enviado por el gobierno
de Chile a estudiar la organización de la enseñanza primaria. Ese
viaje completa su formación mental. De vuelta a Chile publica dos
obras maestras, "Viajes por Europa, África y América"
y "Educación Popular", ambas de 1849.
Al año siguiente, aparece
"Argirópolis", libro en el cual aboga por la concordia
de los argentinos y la adopción literal de la Constitución de los
Estados Unidos. A fines de ese mismo año hace conocer "Recuerdos
de Provincia", la más tierna de sus obras.
Se incorpora, con el
grado de teniente coronel, al ejército de Urquiza (1852). Emplea
en Palermo la misma pluma de Rosas para escribir el parte de victoria
de la Batalla de Caseros. Disgustado con Urquiza, vuelve a Chile
(junio de 1852), y allí publica su "Campaña en el Ejército
Grande", y sostiene su célebre polémica con Juan Bautista Alberdi.
En 1853 escribe "Los comentarios de la Constitución".
Rechaza la diputación que le ofrece el Estado de Buenos Aires y,
luego va al Congreso de Paraná, en representación de Tucumán,
proclamándose “provinciano en Buenos Aires, porteño en las provincias,
argentino en todas partes”.
En 1855, impaciente por actuar en su patria, vuelve a Buenos Aires.
Redacta el diario El Nacional, es electo concejal (1856), designado
Director de Escuelas (1856-1862), y tres veces senador (en 1857,
1860 y 1861). En 1860 desempeña un papel muy lúcido en la Convención
reformadora de la Constitución. Durante el gobierno de Bartolomé
Mitre, trabajó a su lado por la unidad nacional, siendo Ministro
de Gobierno. Fracasadas las gestiones pacíficas, y después de la
batalla de Pavón, vuelve a las provincias de Cuyo. Es designado
gobernador de San Juan, su provincia natal. En dos años de ejercicio
de ese cargo (1862-1864) realiza una labor titánica, hasta que se
le nombra ministro argentino en los Estados Unidos (1865-1868). Sin contar con partido propio es elegido Presidente de la Nación
(1868-1874). Terminado el período presidencial es designado
senador nacional por San Juan. En 1879 se desempeña efímeramente,
en momentos muy difíciles, en la cartera del Interior. Dirige la
instrucción primaria en la Provincia de Buenos Aires (1875-1879)
y en el orden nacional (1881). Publica "Conflicto y armonía
de las razas en América" (1883), va en misión cultural a Chile
en 1884; edita el diario "El Censor" (1885), donde inserta
después su libro sobre Francisco Javier Muñiz y "Vida de Dominguito",
el hijo muerto en la guerra del Paraguay.
Resentido seriamente
en su salud parte al Paraguay en 1887 y retorna al vecino país por
última vez al año siguiente. El 11 de septiembre de 1888 fallece
en Asunción. Sus restos fueron inhumados en Buenos Aires, diez días
después. Ante su tumba, Carlos Pellegrini sintetizó el juicio general: "Fue el cerebro más poderoso que haya producido la América".

Paula Albarracín (madre) |

Faustina (hija de Sarmiento) |

Su hija Faustina, yerno y nietos |
HIMNO
A SARMIENTO
Fue la lucha tu vida y tu elemento;
la fatiga, tu descanso y calma;
la niñez, tu ilusión y tu contento,
la que al darle el saber le diste el alma.
Con la luz de tu ingenio iluminaste
la razón, en la noche de ignorancia.
Por ver grande a la Patria tú luchaste
con la espada, con la pluma y la palabra.
En su pecho, la niñez, de amor un templo
te ha levantado, y en él sigues viviendo.
Y al latir su corazón va repitiendo:
¡Honor y gratitud al gran Sarmiento!
¡Gloria y loor! ¡Honra sin par
para el grande entre los grandes
Padre del aula, Sarmiento inmortal!
¡Gloria y loor! ¡Honra sin par!
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