En la actualidad, se cuenta con unas 15000 monjas que trabajan en
424 casas en 95 países.
La
madre Teresa de Calcuta falleció el 5 de Setiembre de 1997.
Pensamientos - Madre Teresa de Calcuta |
Los Pobres, Don de Dios: Los pobres
son la esperanza del mundo porque nos proporcionan la ocasión de
amar a Dios a través de ellos. Son el don de Dios a la humanidad,
para que nos enseñen una manera diferente de amarlo, buscando siempre
la manera de dignificarlos y rescatarlos.
Ellos son el signo de la presencia de Dios entre nosotros, ya que
en cada uno de ellos es Cristo quien se hace presente.
Por eso, Él no nos preguntará cuántas cosas hicimos, sino cuánto
amor pusimos en ellas.
Derecho a la Vida: Toda
vida es la vida de Dios que se hace presente entre nosotros, aún
en un niño que todavía no ha nacido. Nadie tiene derecho a levantar
su mano para segarla.
Yo imagino que el grito de esos pobrecitos que son asesinados antes
de nacer debe llegar hasta Dios.
Toda vida pertenece a Dios, y si Jesús nos dijo que éramos más importantes
a los ojos de su Padre que todo lo creado, y Él cuida eso, cuánto
más cuidará de nosotros!
El aborto va en contra del mandamiento del amor.
Somos responsables de
nuestro hermano: Dios siempre cuida de sus criaturas, pero lo hace a través de los
hombres. Si alguna persona muere de hambre o pena, no es que Dios
no la haya cuidado; es porque nosotros no hicimos nada para ayudarla,
no fuimos instrumentos de su amor, no supimos reconocer a Cristo
bajo la apariencia de ese hombre desamparado, de ese niño abandonado.
La pobreza evangélica: Dios no puede
derramar algo donde ya está todo lleno de otras cosas. Jesús lo
dijo: "No se puede servir a dos señores", refiriéndose
a Dios y al dinero.
La pobreza, el desprendimiento de todo lo que nos ata y nos aleja
de Dios, sea o no material, nos deja "vacíos", para que
Dios pueda entrar plenamente en nuestro corazón.
Las cosas deben ser siempre un medio, nunca un fin en sí mismas.
María nos enseña la humildad: La grandeza
de María proviene justamente de su humildad. Y era humilde porque
pertenecía a Dios por completo, estaba en disponibilidad para lo
que Él quisiera pedirle.
Ella, que estaba colmada de gracias, siguió siendo la esclava del
Señor. Se mantuvo con firmeza junto a la cruz de su Hijo, y ni siquiera
viéndolo morir dejó de confiar en Dios.
Pidámosle a la Virgen que nos ayude a ser como ella, a realizar
con humildad y sin vanagloria el trabajo que se nos ha asignado,
y que llevemos a los demás a Jesús con el mismo espíritu con que
ella lo llevó en su seno.
Al servicio de los demás
con alegría: María debe ser la fuente de nuestra alegría; ella, que fue la maestra
en el servicio gozoso a los demás. La alegría era su fuerza, ya
que sólo la alegría de saber que tenía a Jesús en su seno podía
hacerla ir a las montañas para hacer el trabajo de una sierva en
casa de su prima Isabel.
De la misma manera nosotros, con Jesús en nuestro corazón, debemos
servir a los demás con alegría.
María, camino de reconciliación: María está
siempre atenta para traer al mundo la alegría, la paz y la reconciliación.
Ella nos conduce hacia Dios, y con sus ruegos amorosos intercede
por nosotros.
Elevemos hacia ella nuestros corazones para que nos ayude a reconciliarnos,
cada vez que nos alejemos del amor de Dios.
Dirijamos a ella nuestros ojos para implorarle por la paz; a ella,
que sólo tiene cabida en su corazón para la paz y el perdón.
Conocerse a sí mismo: Nuestro examen
de conciencia es el espejo en el que vemos nuestros logros y nuestras
dificultades. Por eso debemos afrontarlo con sinceridad y amor.
No perdamos el tiempo mirando nuestras propias miserias; elevémonos
en la luz de Dios y busquemos la manera de hacer las cosas cada
vez mejor.
Conocerse a sí mismo es muy importante para el amor, porque conocer
a Dios trae el amor, y conocernos a nosotros mismos, la humildad.
Por eso los santos pueden decir que se sienten grandes criminales,
porque vieron a Dios y se vieron a sí mismos, y notaron la terrible
diferencia.
Ser fieles en las cosas
pequeñas: Seamos fieles en las cosas pequeñas, porque ahí estará nuestra fortaleza.
Miremos el ejemplo de la lámpara que arde con el aporte de pequeñas
gotitas de aceite, y, sin embargo, da mucha luz. Las gotitas de
aceite de nuestras lámparas son las cosas pequeñas que realizamos
diariamente: la fidelidad, la puntualidad, las palabras bondadosas,
las sonrisas, nuestra actitud amorosa hacia los demás.
No hay nada que sea pequeño a los ojos de Dios, y Él mismo se tomó
la molestia de hacerlas para enseñarnos cómo actuar. Por eso se
transformaron en infinitas.
La alegría nos acerca
a Dios: El
que tiene a Dios en su corazón, desborda de alegría. La tristeza,
el abatimiento, conducen a la pereza, al desgano.
Nuestra alegría es el mejor modo de predicar el cristianismo. Al
ver la felicidad en nuestros ojos, tomarán conciencia de su condición
de hijos de Dios. Pero para eso debemos estar convencidos de eso.
Amar lo que uno hace: No es lo importante
lo que uno hace, sino cómo lo hace, cuánto amor, sinceridad y fe
ponemos en lo que realizamos. Cada trabajo es importante, y lo que
yo hago, no lo puedes hacer tú, de la misma manera que yo no puedo
hacer lo que tú haces. Pero cada uno de nosotros hace lo que Dios
le encomendó.
Sólo siendo sinceros y trabajando con Dios, poniendo en ello toda
nuestra alma, podremos llevar la salvación a los demás. Pero para
ello es necesario que no perdamos nuestro tiempo mirando y deseando
hacer lo que hacen los demás.
Oración y Apostolado: La oración
ensancha el corazón, hasta hacerlo capaz de contener el don de Dios.
Sin Él, no podemos nada.
Orar a Cristo es amarlo y amarlo significa cumplir sus palabras.
La oración significa para mí la posibilidad de unirme a Cristo las
24 horas del día para vivir con Él, en Él y para Él. Si oramos,
creemos. Si creemos, amaremos. Si amamos, serviremos.
Es imposible comprometerse en un apostolado directo, si no es desde
una auténtica oración. Debemos tratar de ser uno con el Padre. Nuestra
actividad no será verdaderamente apostólica si no le permitimos
obrar en nosotros, a través de nosotros, gracias a su poder, a sus
planes y a su amor.
La oración en el silencio: El silencio
es lo más importante para orar. Las almas de oración son almas de
profundo silencio. Y lo necesitamos para poder ponernos verdaderamente
en presencia de Dios y escuchar lo que nos quiere decir.
Este silencio debe ser tanto exterior como interior, dejando de
lado nuestras preocupaciones. Debemos acostumbrarnos al silencio
del corazón, de los ojos y de la lengua.
El silencio de la lengua nos ayuda a hablarle a Dios. El de los
ojos, a ver a Dios. Y el silencio del corazón, como el de la Virgen,
a conservar todo en nuestro corazón.
Dios es amigo del silencio, que nos da una visión nueva de las cosas.
No es esencial lo que nosotros decimos, sino lo que Dios nos dice
y dice a través de nosotros.
Jesús Eucaristía: Cristo se convirtió en el Pan de Vida porque comprendió la necesidad,
el hambre que teníamos de Dios. Y nosotros debemos comer este Pan
y la bondad de su amor para poder compartirlo.
La eucaristía es el signo más tangible del amor de Dios por el hombre,
ya que renueva permanentemente su sacrificio por amor a nosotros.
Y es la Misa, nuestra oración diaria, el lugar donde nos ofrecemos
con y por Cristo para ser distribuidos entre los más pobres de los
pobres.
La eucaristía es el misterio de nuestra unión profunda con Cristo.
Ser santos: La
santidad es hacer siempre, con alegría, la voluntad de Dios. Para
eso es necesaria la fidelidad a sus deseos, y es esta fidelidad
la que hace a los santos.
A través de la vida espiritual nos unimos con Jesús: lo humano y
lo divino se ofrecen uno al otro.
El primer paso hacia la santidad es querer serlo. ¿Qué
es un santo sino un alma resuelta, que hace uso de su fortaleza
para actuar?
Esperar contra toda esperanza: Lo único
que Jesús nos pide en todo momento es que nos entreguemos absolutamente
a Él, que confiemos en Él plenamente, renunciando a nuestros deseos
para cumplir con el camino que nos va trazando.
No es necesario que veamos claro si vamos progresando o no en el
camino de la santidad. Lo importante es ir caminando en el Señor.
Dejarnos transformar: El camino
a la santidad comienza dejándonos vaciar y transformar por el mismo
Jesús, para que Él llene nuestro corazón y podamos luego dar de
nuestra abundancia.
Buscándolo, porque su conocimiento nos hará fuertes.
Amándolo sin mirar atrás, sin temores, creyendo que sólo Jesús es
la vida.
Sirviéndolo, rechazando y olvidando todo lo que nos atormenta, porque
es Él quien nos ayudará en el camino elegido. No estamos solos.
Confiemos en Él.
Abandonarse en Dios: El abandono
total en Dios consiste en darse a Dios en forma plena, porque Él
se dio a nosotros primero. Y debemos entregarnos de manera absoluta
si queremos responder a la magnitud de su entrega hacia nosotros.
Sólo si renuncio a mí misma puedo llevar a Dios a vivir en mí.
Cuando renuncio ofrezco mi libre voluntad, mi razón, mi propia vida.
Y todo por amor, ya que cuanto más renunciamos a nosotros mismos,
más podemos amar a Dios y a los hombres.
FUENTE: Servicio de Pastoral Universitaria - Arquidiócesis de Buenos Aires.
Juan Pablo II da visto bueno para beatificación de la Madre Teresa
El
proceso de beatificación de la Madre Teresa, fallecida en 1997 a
los 87 años, comenzó en 1999 gracias a una dispensa pontificia que
permitió prescindir del paso que obliga a esperar cinco años desde
su fallecimiento, tal como los establece el Derecho Canónico. La
documentación del proceso ocupa 76 volúmenes, de 450 páginas cada
uno.
El
20 de diciembre de 2002, durante una ceremonia realizada en el Vaticano,
el Papa Juan Pablo II dio el visto bueno a un decreto que reconoce
un milagro atribuido a la Madre Teresa de Calcuta.
El
decreto por el que se reconoce el milagro, aprobado en octubre por
la Congregación para la Causa de los Santos, fue leído en la Sala
Clementina del Vaticano y ratificado por el Pontífice en presencia
de numerosos testigos, entre ellos Sor Nirmala Joshi, M.C., la religiosa
que sucedió a la Madre Teresa al frente de las Misioneras de la
Caridad.
El
milagro que llevó a la Madre Teresa a la beatificación es la curación
de Monika Besra una mujer india de 34 años no católica -practica
el animismo-, que padecía un tumor en el abdomen del que sanó en
1998. El 5 de septiembre de 1998, un año exacto después de la muerte
de la religiosa, la devota recibió una medalla que había pertenecido
a la Madre Teresa.
El
Domingo 19 de octubre 2003, su Santidad Juan Pablo II proclamó "Beata" a Madre Teresa de Calcuta. La llamada que Jesús hizo a Madre Teresa en 1946, "VEN,
SÉ MI LUZ", resonó en la Plaza de San Pedro,
invitándonos también a nosotros a irradiar la luz
de Cristo en la oscuridad del dolor y de la pobreza humana. Hoy,
después de tres años y medio de investigación
y estudio, la Iglesia confirma que Madre Teresa vivió heroicamente
la vida Cristiana y que Dios la ha exaltado como modelo de santidad
y como intercesora para todos.
Algunas
enseñanzas de la Madre Teresa
Madre Teresa siempre
tuvo claro que la fuente de la vida es Jesucristo y que sólo
siguiendo sus huellas se llega a la felicidad. Esta sabiduría
le permitió dejarnos algunas enseñanzas indispensables
para llevar adelante la vida con alegría:
- ¿El día
más bello? Hoy
- ¿El obstáculo más grande? El miedo
- ¿La cosa más fácil? Equivocarse
- ¿La raíz de todos los males? El egoísmo
- ¿La distracción más bella? El trabajo
- ¿La peor derrota? El desaliento
- ¿Los mejores profesores? Los niños
- ¿La primera necesidad? Comunicarse
- ¿Lo que me hace más feliz? Ser útil
a los demás
- ¿El peor defecto? El mal humor
- ¿El sentimiento más ruin? El rencor
- ¿El regalo más bello? El perdón
- ¿Lo más imprescindible? El hogar
- ¿La sensación más grata? La paz interior
- ¿El mejor remedio? El optimismo
- ¿La mayor satisfacción? El deber cumplido
- ¿La fuerza más potente del mundo? La fe
- ¿Las personas más necesarias? Los padres
- ¿La cosa más bella del mundo? ¡EL
AMOR! |