En
1806 y 1807, los británicos quisieron conquistar el Río
de la Plata. No se imaginaban la actitud del pueblo heroico
que los esperaba y que terminaría provocando su derrota.
ANTECEDENTES: La guerra que en Europa
mantenían británicos y franceses.
España, estaba unida a Francia por un tratado y se vio
obligada a participar del conflicto apoyando a Napoleón,
poniendo en riesgo la posesión de sus colonias americanas.
La primera invasión se produjo
en junio de 1806. El 24 de junio naves inglesas se acercaron
a la ensenada de Barragán. Las baterías de la
costa, que estaban al mando de Santiago de Liniers impidieron
que los invasores se aproximaran demasiado. Pero el 25 de junio,
unos 1.600 ingleses desembarcaron en Quilmes, combatieron con
la milicia que los enfrentó y ocuparon las Barrancas
de Quilmes.
El virrey Sobremonte se marchó hacia Córdoba para
reunir fuerzas y defender la ciudad, aunque en realidad, huyó
con su familia llevándose el tesoro.
El día 27 los ingleses cruzaron el Riachuelo y luego
de vencer la resistencia de los milicianos en el paso de Barracas
ingresaron a Buenos Aires. Beresford se instaló en el
Fuerte y asumió el cargo de gobernador. En forma inmediata
se organizó la Reconquista de la ciudad. Los cabildantes
resolvieron otorgar el mando militar a Liniers y el poder político
a la Audiencia.
El Cabildo tuvo la tarea de enrolar y armar a los vecinos para
preparar la defensa de la ciudad.
El 12 de agosto se efectuó el ataque decisivo. Beresford
y sus hombres que estaban refugiados en el Fuerte, se rindieron.
En las puertas del Cabildo el brigadier inglés depuso
formalmente las armas.

Beresford
se rinde ante Liniers en 1806
Se
dispuso entonces convocar a un Cabildo Abierto para el 14 de
agosto. La Asamblea resolvió comunicar el triunfo a la
corona española y organizar cuerpos de milicias para
defender a Buenos Aires de una posible una nueva invasión.
Liniers tenía la certeza de que Inglaterra enviaría
refuerzos para vengar la derrota.
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Por
eso se pidió a la población que se sumara
en forma voluntaria a las milicias. El pueblo estaba
entusiasmando y Buenos Aires se transformó en
un gran campo de entrenamiento militar. Casi en todas
las casas había un miliciano. Ya en octubre de
1806, las milicias tenían cerca de 8.500 hombres,
de los cuales solamente 3.000 eran españoles.
Se formaron diez batallones: cinco de criollos (tres
de Patricios, o hijos de la patria que lo formaban porteños
blancos a las órdenes de Cornelio Saavedra, uno
de Arribeños, o de las provincias de “arriba”,
compuesto por blancos provincianos al mando de Juan
Martín de Pueyrredón y uno de Pardos,
integrado por mulatos, negros libres y esclavos entregados
por sus dueños). Los españoles conformaron
los otros batallones, que se agruparon en: Gallegos,
Andaluces, Catalanes, Vizcaínos y Montañeses.
Mientras
tanto, a fines de 1806, el gobierno inglés, que
todavía no sabía que sus tropas habían
sido derrotadas, dispuso el envío de 4.300 soldados
para reforzar la ocupación de Buenos Aires.
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El 28 de junio de 1807, el general Whitelocke
desembarcó con unos 8.000 hombres en la Ensenada de Barragán,
en las proximidades de la actual ciudad de La Plata.
El 1° de julio, Liniers, al frente de 7.000 efectivos intentó
enfrentar a las tropas inglesas en campo abierto, en Barracas.
Pero los ingleses se fueron hacia los Corrales de Miserere.
Liniers los siguió, pero sus tropas fueron desbandadas
en un desordenado combate.
El
5 de julio unos seis mil soldados ingleses avanzaron divididos
en varias columnas desde los Corrales de Miserere hacia el río,
donde se encontraban las fuerzas criollas.
La actitud de los valientes habitantes de Buenos Aires impidió
también que la ciudad fuera ocupada. Desde las terrazas
de las casas se atacó a los invasores con piedras y aceite
hirviendo.
Así
describió la situación Vicente Fidel López:
"Por fuera del fuerte, espiaban a los ingleses a su paso,
mujeres, muchachos, viejos y gente suelta para los que habían
faltado armas de fuego; prontos todos a arrojarles materias
alcohólicas en llama, agua y aceite hirviendo, muebles,
piedras, y mil otros proyectiles más o menos serios".
Y
Luego una valiente resistencia, Liniers intimó a Whitelocke.
El 6 de julio el general inglés pidió el cese
del fuego y al día siguiente se firmó el tratado
que puso fin a la lucha.
Santiago de Liniers fue nombrado virrey del Río de la
Plata en 1807, manteniéndose en el cargo hasta 1809.
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