Para
comenzar, debemos considerar fraguación
de identidad a cualquier acto de la
familia de crianza por encubrir aspectos ligados al origen
del niño, o directamente todo lo concerniente al
origen. Este ocultamiento va desde las palabras,
los silencios y todo lo ligado a los papeles del niño:
Partida de nacimiento, D.N.I., Inscripción escolar.
Las situaciones son variadas y pueden ir desde una adopción
legal irregular (ej, los casos recientemente publicados
por los medios en Santiago del Estero, o hace tiempo sobre
Misiones), hasta supresión de identidad a través
de la inscripción del niño como si fuera
hijo biológico de las personas que lo criarán,
la inscripción del niño como hijo de otro
hombre que no sea el padre biológico, etc. Estas
cuestiones, lamentablemente, no son sacadas de telenovelas,
sino al revés. Y continúan ocurriendo diariamente
y de manera invisible.
La Convención de los Derechos del Niño a la cual suscribe nuestro país, es clara en cuanto
al derecho que tiene el niño a saber su identidad,
a su salud (física y mental), a que sus padres
reciban todo lo necesario para criar a sus hijos.
También lo es el artículo 12
de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires,
la cual garantiza la identidad de todas las personas
a través del Estado como responsable de la restitución
de la misma. Sin embargo, muy poco se respeta en
los hechos estos derechos.
IDENTIDAD
Y APRENDIZAJE
El
aprendizaje no debe circunscribirse exclusivamente con
la adquisición de conocimiento académico
o escolar, si bien lo incluye, va mucho más allá
de “multiplicar”, “sumar”, “escribir
en cursiva” o “aprender inglés”.
Aprender
es un proceso que marca toda nuestra vida y nuestro ser. Incluye lo emocional y lo intelectual a la
vez. Es dar un significado propio a nuestras
situaciones, poder adaptarnos a ellas, en un constante
intercambio entre lo interno y lo externo, la experiencia
y lo que el otro nos dice, lo propio y lo del otro, lo
que sabemos y lo que nos informan.
El
modo de aprender es como un idioma único e irrepetible,
tal como la huella digital o un ADN en lo biológico.
Y tal como en el aprendizaje de cualquier idioma, este
se construye en un vínculo con alguien que enseña.
Según como estas figuras enseñantes muestren
el conocimiento, repercutirá en la formación
de la modalidad de aprendizaje del niño.
Así, nuestra identidad se forja como núcleo
de nuestra manera de aprender.
Es ese sentido de mismidad, en acción y constante
intercambio con la realidad, que la hace ser dinámica
y permite mantener a la misma vez una estabilidad interior
que sostiene todos los cambios.
Si el núcleo está dañado, esto inexorablemente
repercutirá en nuestra manera de aprender. La
fraguación de la identidad de un niño/a
genera un estado permanente de obstáculos, y diversas
sensaciones tales como angustia, confusión y ansiedad. Y esto puede ocurrir total o parcialmente ante situaciones
escolares y vinculares aparentemente sin sentido directo
ligado con la historia de ese alumno.
Seguramente que un vinculo de padre-hijo basado en la
mentira no favorecerá una modalidad de aprendizaje
sana en el niño. Estas mentiras son formas de secreto
que producen patología en el aprendizaje.
EL LUGAR DE LA ESCUELA
La
escuela cobra gran relevancia en la formación de
la identidad y el desarrollo de un niño, por
diversos aspectos.
El
principal aspecto que compete al tema que se está
tratando, es en este lugar de “afuera” que
tiene la escuela, adonde un niño o adolescente
podrá manifestar de una u otra forma su padecimiento
si su identidad se encontrase fraguada.
Pero
hay un gran problema que impide desarrollar adecuadamente
esta función. Si bien existe desde la sociedad
y el sistema educativo, un claro conocimiento acerca de
que un niño adoptado debe saber la verdad, no siempre
se distingue correctamente a un niño adoptado de
un niño fraguado en su identidad. En efecto, son
numerosos los casos en colegios en los que los padres
cuentan a los directivos o docentes que su hijo es adoptado
y solicitan su ayuda para contarle la verdad, pero no
todos estos niños son realmente adoptados.
Así es como un niño de 7 años cuenta
a su maestra, entre su inquietud y constante ansiedad
que no lo deja concentrarse y relacionarse bien con sus
pares, “ mi mamá me compró”
(riendo). En el legajo escolar los padres han manifestado
adoptarlo, y así se le transmitió a la docente
la información. ¿Qué hace esta maestra
con este saber que se transmite a través de los
síntomas y el relato de este niño?.
Un
niño de 2 años que ingresa en el jardín
llevado por sus padres ya muy mayores, los cuales firman
en el legajo que lo han adoptado. Pero al presentar la
partida de nacimiento, esta no posee numero de juzgado,
y está inscripto como si fuera hijo biológico
de los padres que dicen y escriben haberlo adoptado. ¿Cómo
puede un directivo actuar ante la evidencia que ante sus
ojos se exhibe crudamente y no siempre puede llegar a
detectar, seguramente por desconocimiento, ya que ningún
inspector le ha instruído de cómo debe ser
una partida en casos de niños adoptados. Y estas
mismas inspecciones del Estado que organizan y pautan
la legalidad de la inscripción escolar de un niño,
tal como el estado de las vacunas, ¿no se percatan
cuando aparecen situaciones asi?. ¿O a lo mejor
no saben cómo actuar, adonde dirigirse?...
El
primer paso es hacer visible esta realidad, negarla es
seguir encadenando a muchos niños a los padecimientos
que les genera tener la identidad fraguada. Luego debatir
sobre las soluciones a este tema, ya que es el interés
superior de ellos, todos y cada uno de nuestros niños,
el que está en juego.
Lic.
Soledad Lugones
Licenciada en Psicopedagogía
Integrante del Comité Científico de la
Agrupación
por los DDHH "¿Quiénes Somos?"
Directora
de Proyecto Savia.
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