Cuántas
veces nos descubrimos a nosotros mismos en un lugar de
monólogo, hablando solos frente a otros que también
lo hacen y no pudiendo abrir un poquito “la
oreja” para escuchar que nos dicen y cuan similar
o diferente es de lo que decimos nosotros. Escribo estas
líneas y recuerdo las reuniones de consorcio, las
sesiones de diputados y senadores y, porque no, muchas
cenas familiares. Aunque son todas instancias diferentes
muchas veces sostienen la misma actitud, la imposibilidad
de escuchar y de ponerse en el lugar del otro.
Si
a los adultos nos cuesta ponerle palabras a los conflictos
y escucharnos, imagínense a los niños pequeños
que recién comienzan a diferenciarse de su mamá
y su papá , a sentirse con posibilidad de ser un
sujeto distinto a los demás y que además
tienen más desarrollado el lenguaje corporal que
el verbal. Si podemos entender todo ello vamos a comprender
mejor cual es uno de los objetivos más importantes
que nosotros tenemos como docentes o terapeutas: acompañar
a los niños en la búsqueda de maneras de
resolución de conflictos y poder ponerle palabras
a los mismos, al principio a través nuestro y luego,
poco a poco, por si solos cuando descubran las variadas
estrategias que pueden utilizar para resolverlo. Es muy interesante seguir el hilo del conflicto y lo sucedido
anteriormente a él, porque es allí donde
vamos a tener la información y a entender que está
sucediendo, permitiéndonos conocer la modalidad
de cada uno de nuestros alumnos para resolver conflictos
y ayudarlo a buscar otras estrategias que le posibiliten
el enriquecimiento de recursos internos, brindándole
mayores posibilidades de resoluciones exitosas.
Esta
tarea es diaria, y demanda mucho tiempo que a veces pareciera
perdido porque situaciones similares vuelven a repetirse
sin cambios y es allí donde decimos o pensamos
que fue una tarea inútil, pero no es así
porque muchas veces podemos tomar esta repetición
como una alternativa para ofrecer recursos diferentes.
Un niño siempre le saca el juguete que está
utilizando otro amigo generando el conflicto. Esta
acción repetida uno podría resolverla solo
diciéndole que no saque el juguete día a
día, que por supuesto lo decimos pero además
tenemos que pensar y analizar lo que está más
allá del conflicto en si. Por ejemplo, ¿tiene
lenguaje verbal desarrollado para pedirlo?¿le saca
el juguete siempre al mismo amigo?¿luego de sacárselo
lo usa? ¿siempre es el mismo juguete? ¿esto
sucede en el mismo momento del día? Luego
de encontrar algunas respuestas podemos decir que una
opción es que quería vincularse y esa fue
la manera que encontró para hacerlo, otra podría
ser que busca que el adulto a cargo este pendiente de
él y con esto lo logra, o está atravesando
un momento difícil y lo descarga allí.
Todo esto lo entendemos como adultos y no por ello vamos
a decir y bueno con las dificultades que tiene... esa
es su manera de relacionarse... pobrecito... etc. Nosotros
tenemos la responsabilidad de acompañarlo en el
descubrimiento de otras modalidades de obtener los juguetes
o de relacionarse con los demás, una puede ser
pedirlos, otra ofrecer algo y hacer intercambio, otra
acudir al adulto para que medie en el pedido, otra esperar
el objeto deseado utilizando otro objeto en ese momento,
otra podría ser pedirle al amigo que lo comparta
y jueguen juntos por un rato. También es importante
analizar el encuadre y que propuesta se estaba desarrollando
en el momento del conflicto.
A
través de un sencillo ejemplo podemos ver que hay
muchos ángulos de análisis de la situación
conflictiva que permite encontrar resoluciones y hacernos
preguntas para modificar, reparar, proponer estrategias,
ponerle palabras a lo que sucede y a lo que se siente.
Esta es parte de nuestra tarea y muchas veces por miedo
a que los demás piensen que no “podemos”
con el grupo o con este niño en especial preferimos
no plantearnos las dificultades y resolverlas lo más
rápido posible y sin tanto análisis, olvidando
que lo mejor que podemos brindarle a los niños
son herramientas para analizar y resolver conflictos.
Eso
mismo le sucede a los papás y mamás cuando
su hijo hace un berrinche en el medio de una reunión
familiar o en la calle y es entendible que quieran que
pase lo más rápidamente posible y eso es
lo que hay que hacer, enfriar la situación y luego
retomarla para ponerle palabras. Sin embargo, no por ello
dejar de pensar qué pasó que el niño
llegó a esa instancia, que lo pone mal a él
también y que se angustia por ello.
Compartir con pares estas dificultades que
presenta la crianza de los niños es una muy buena
estrategia y ejemplo para mostrarle a los niños
que nosotros también podemos pedir ayuda para saber
mejor que hacer y que le damos la palabra a otros para
escucharlos y aprender de ellos.
La palabra es mediadora, es la herramienta más
propicia para resolver los conflictos, que como ya sabemos
forman parte de toda relación humana. El gran desafío
actual es entender que muchas de las dificultades que
nos suceden son por no poder ponerle palabras a lo que
nos pasa, muchas veces el silencio pareciera la mejor
opción pero todos sabemos que no lo es, al contrario,
hablar siempre es beneficioso y sobre todo cuando estamos
dispuestos a escuchar al otro.
Lic.
Silvia Chapov
Psicopedagoga y Directora del
Jardín
Materno Infantil Pisapisuela
Email: silviachapov@hotmail.com |