El
ser humano tiene la facultad de dotar de sentido a todo
acto, todo pensamiento, todo sentimiento, todo objeto
a través del lenguaje.
En
los primeros años de vida, la madre o quien ejerza
la función materna en primer lugar y el padre o
quien ejerza la función paterna en segunda instancia,
van a ser quienes traduzcan las acciones en lenguaje y
el lenguaje en acciones.
“El
ser humano nace y vive del lenguaje” Doltó.
El lenguaje de los sonidos, los colores, las sensaciones,
los gestos forman parte de la función simbólica
que está presente desde antes de nacer. El feto
percibe los ritmos, balanceos y sonidos que constituyen
para él señales de seguridad o inseguridad.
Tras el nacimiento los gestos, la mirada y la palabra
del “otro” pasan a ser el primer lenguaje
simbólico.
El lenguaje articulado se desarrolla
a partir de los 18 meses. La utilización
del símbolo se considera adquirida
a los 6 o 7 años.
La palabra es mediadora, supone diferenciarse del otro,
por ello se da articuladamente a partir de los 18 meses
que es el momento en el cual los niños caminan
y comienzan a despegarse de mamá y papá
desde lo corporal y el espacio físico, que le permite
explorar y diferenciarse él del resto del mundo,
comienza también a tener libertad de movimiento
en relación a los objetos y todo ello posibilita
la aparición del lenguaje para poner palabras a
la gran despedida que es separarse de mamá y saber
que ella seguirá estando y que el lenguaje los
comunicará y los vinculará.
Por ello es fundamental que los adultos utilicen el lenguaje
como medio de comunicación y que hablen con el
niño con total franqueza, ya que ellos tienen desarrollada
lo que se denomina la empatía y les permite
recibir y percibir lo que se dice más allá
de las palabras y pueden comprender todo de lo que uno
les hable aunque no entiendan el total de las palabras.
¿Qué
pasa cuando el lenguaje no aparece y a cambio aparece
la agresión y la violencia?
En general la agresividad va ligada a la imposibilidad
de hablar. Hay una edad cronológica
donde aparece muy claramente, a los dos años los
niños se comunican fundamentalmente a través
del cuerpo y con muy pocas palabras ya que el lenguaje
articulado recién está desarrollándose.
Es muy común ver a un niño de dos años
mordiendo, empujando porque quiere comunicar así
su deseo de tener un juguete, por ejemplo. Esto no significa
que el adulto promueva este tipo de comunicación,
al contrario es él quien debe poner el lenguaje
al servicio de esa acción y significarlo a través
de él.
La
agresión más peligrosa es aquella que no
resulta visible. Cuando un niño pequeño
siempre está inmóvil y no se comunica puede
llegar a ser muy violento y sobre todo poner esa agresión
en trastornos psicosomáticos o psíquicos.
Entender que un niño agresivo o violento nos está
mostrando algo en relación a su angustia, a su
pedido de ayuda, a su necesidad de límites, a su
dificultad para ponerle palabras a sus sentimientos, nos
permite actuar de otra manera en relación al tema. El solo hecho de comprender que el niño
necesita que lo ayudemos a que encuentre sus propias palabras
para significar sus acciones es, de por sí, un
generador de cambio.
¿Y si se retrasa en la adquisición
del lenguaje?
Generalmente el niño que no habla es
porque alguien lo hace en su lugar. Muchas
veces es la madre quien interpreta todo lo que su hijo/a
dice con un lenguaje que sólo ella puede interpretar
y eso hace que se vuelva casi imprescindible su presencia
para que ese niño pueda existir y comunicarse.
Por eso es fundamental que la mamá pueda mirar
a un “tercero” (papá, compañero)
para que el niño se transforme en sujeto y pueda
buscar la manera de comunicarse con el resto del mundo.
El lenguaje es lo que nos diferencia de los
animales porque permite dar sentido a lo que sucede. Cuán beneficioso sería si el ser humano
pudiera entender la importancia que tienen las palabras,
los gestos, el juego para el desarrollo armonioso de un
niño y por qué no también del adulto. Tenemos que ser “portavoces” del lenguaje
en sentido amplio y de su utilización para entendernos
a nosotros mismos y a los demás. Aunque parezca
un juego de palabras considero que así deberíamos
tratar de que fuera para hacer así la diferencia.
Lic.
Silvia Chapov
Psicopedagoga
y Directora del
Jardín
Materno Infantil Pisapisuela
Email: silviachapov@hotmail.com
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