Cuando iniciamos el profesorado creemos que allí
vamos a recibir formación, información y
herramientas para hacernos cargo de una sala o un grado
y aplicar todo lo aprendido en esos años.
Pero resulta que a muchos nos comienzan a pasar cosas
que jamás nos habían dicho que pasarían.
El
cuerpo comienza a hablar, a establecer vínculos
desde el acercamiento, desde las sensaciones. Por momentos
nos desdibujamos en un abrazo con un niño, por
momentos nos transformamos en la pared donde el niño
se apoyará para sentirse seguro y acompañado.
Por momentos el cuerpo será un remolino de enojo
y furia.
Por momentos nuestro cuerpo se transforma en cuna, en
brazos grandes para consolar a un niño triste.
Por momentos nuestro cuerpo pasa a ser una gran lista
de demandas “yo quiero...sino me ponés...mirá
lo que hice...no puedo sola!!...él me dijo...ella
me pegó”. “¿puedo contarte lo
que me pasó?...no, yo estaba primero...”.
Por
momentos somos una gran mano que acompaña pero
a la vez empujó diciendo “Vos podés”
”¿te lo ponés solo?...” ”¿qué
te parece si lo haces vos?...¿qué decidieron?".
Y así podemos seguir pensando miles de transformaciones
que atraviesa nuestro cuerpo. ¿Por qué digo
esto? La realidad es que todo lo mencionado es fundamentalmente
vivido desde las sensaciones y luego teorizado o razonado.
Este aspecto tan poco trabajado es el que va a acompañar
nuestra tarea a diario. A partir de estas primeras reflexiones
la pregunta que surge es ¿qué
lugar tiene el cuerpo del docente en el aprender?.
La profesión docente, especialmente en nivel inicial,
es puro cuerpo, y cuerpo en contacto con otros cuerpos
y sujetos. Es el canal principal de comunicación.
A través de nuestro cuerpo también enseñamos,
marcamos modelos posturales, gestuales, de imagen y actitudinales.
Nuestro cuerpo, así como el de los otros, es visto,
entendido, oído, reconocido y aceptado.
Alexander Gerdo analiza esto y concluye diciendo “es sorprendente observar lo poco desarrollado
que está en la actualidad, cuando desempeña
un rol importante en la conciencia de sí mismo,
habiendo muy pocas personas que te tengan una representación
exacta de su cuerpo”.
Esta preparación corporal es necesaria para poder,
desde la experiencia, ayudar a los niños en el
desarrollo de su esquema e imagen corporal.
El desarrollo del esquema e imagen corporal comienzan
desde que está en la panza y sus padres imaginan
sus características, fantasean con su posible imagen.
Luego en las ecografías comienzan a surgir las
primeras representaciones. Comienzan desde esos primeros
momentos a construir un cuerpo imaginado y un cuerpo real.
El esquema corporal especifica al individuo como representante
de su especie. Se encuentra ligado a las representaciones
de su entorno.
El estilo corporal y el tono, tal como lo definió Dolto, se encuentra estructurado por la experiencia
y el aprendizaje. La imagen del cuerpo es propia de cada
sujeto porque está ligado a su historia, a su relación
con el otro y a las representaciones psíquicas.
Esta imagen corporal es la que nos permite cambios en
el cuerpo ya sea por crecimiento, traumatismos, etc. Manteniendo
una continuidad de mismidad.
Como
conclusión podemos decir que como profesionales
de la educación debemos realizar un trabajo de
análisis personal que posibilite el uso del cuerpo
como una herramienta y medio de comunicación sabiendo
que nos sucede con él. Además
de conocer el desarrollo esperable para un niño
y sus características evolutivas debemos desarrollar
la capacidad de observar y escuchar al cuerpo del niño,
ya éste lo utiliza en primera instancia, como medio
de comunicación hasta que el leguaje comience a
acompañar.
Es muy sabido que el cuerpo forma un todo con la mente
pero qué difícil nos resulta a todos poner
en práctica esa postura y crear medios, en los
profesorados por ejemplo, para que los profesionales trabajen
tanto el aspecto teórico y científico como
el aspecto subjetivo y vivido.
Lic.
Silvia Chapov
Psicopedagoga y Directora del
Jardín
Materno Infantil Pisapisuela
Email: silviachapov@hotmail.com |