Fin
de semana largo, junto a nuestro hijo programamos un día
de diversión. Invitamos a un amiguito al cine,
vamos a comer hamburguesas y a los juegos electrónicos.
Pero cuando llegamos a casa aparece la frase temida “Y
ahora que hago... estoy aburrido”.
En
esta situación las mamás se sienten decepcionadas
al no saber como conformar al hijo que no tiene límites
en su demanda de actividades. La respuesta para este interrogante
tal vez se encuentre reformulando la pregunta: ¿Es
necesario hacer más?.
LOS
PAPAS Y EL ABURRIMIENTO:
Una
buena manera de encarar el aburrimiento puede ser que
los adultos se cuestionen el sentido que ellos le otorgan
al hacer. Si un papá le reclama a su hijo que “no
está haciendo nada”, porque lo encuentra
hojeando una revista, ensimismado en sus pensamientos
o descansando mientras mira el techo, es ese papá
el que debe replantearse lo que siente; cuál es
la estima que él mismo le da a los instantes de
ocio.
Los
ritmos de vida apurados reducen las oportunidades de compartir
en familia; la misma vorágine semanal proyecta
su aceleración hasta el sábado y domingo,
anulando la capacidad de gozar el descanso. Por esta razón,
puede ocurrir que, cuando aparezcan los tiempos libres,
sean los padres a quienes les cueste “acomodarse” a los hijos. De allí la necesidad de encontrar
actividades externas, que pueden ser enriquecedoras, pero
no deberían reemplazar la diversión en el
hogar.
LOS
CHICOS DE HOY
Actualmente
los chicos tienen muchas actividades ya programadas tanto
desde el colegio como desde el hogar. Por eso es entendible
que no sepan que hacer cuando se enfrentan a la incertidumbre
que genera el tiempo libre y la falta de obligaciones.
Se encuentran en su habitación, rodeados de juegos
y estímulos pero pese a todo no saben cómo
divertirse. Este momento de aburrimiento puede tener distintos
desenlaces:
- prolongarse, sin poder salir de la apatía, donde
lo único que se hace es pensar “estoy
aburrido”.
- acotarse a su mínima expresión, haciendo
muchas actividades juntas. Pensando, antes de terminar
una actividad, con que se va a seguir para no enfrentarse
a la inquietud y desazón del no saber qué
hacer. Pero es esta misma incertidumbre la que nos impulsa
a buscar algo nuevo, y aquí tendríamos la
tercer alternativa:
- soportar y atravesar el aburrimiento, porque es de la
única manera en que se puede desplegar la creatividad.
PARA
DESABURRIR
Ante
el reiterado “Estoy aburrido” de los niños, la primera recomendación es: ¡No desesperen!
Si logran esto, la siguiente les deparará un éxito
prácticamente garantizado: den a los
chicos la posibilidad de explorar el aburrimiento.
A modo de ejemplo:
Hijo: Maa... estoy aburrido!!
Mamá: ¿Cómo es aburrirse?
Hijo: Y, que no sé que hacer.
Mamá: Bueno, no hagas nada.
Hijo: Y pero... ¿nada?
Mamá (con tu tono más positivo):
¡Nada!
En
pocos minutos, los chicos se encargarán de que
esa nada se transforme en algo interesante. Con esta especie
de juego, se legaliza el aburrimiento, abriendo sus posibilidades
creativas.
EL
ABURRIMIENTO EN LAS DISTINTAS ETAPAS:
De 0 a 2 años: ¿Un bebé se aburre?.
Es muy raro pensar en el aburrimiento a esta edad. Si
notamos apatía, falta de interés por la
mamá, por los estímulos externos, signos
que podríamos interpretar como aburrimiento, es
porque algo está pasando. Habrá que descartar
todo tipo de enfermedad orgánica, como fiebre o
dolores, y si esto es un actitud frecuente será
necesario hacer una consulta.
De
2 a 5 años: Los
chicos a esta edad parecen tener baterías inagotables,
por lo tanto cuando están mucho tiempo aburridos
nos llama la atención. Como en este momento evolutivo
es esperable que se desarrollen los juegos creativos,
donde encuentran las cosas más insólitas
para jugar, que no puedan hacerlo indica que algo no anda
del todo bien. En este caso una consulta puede despejar
dudas y reencausar la situación.
De
6 a 10 años: Con el comienzo de
la escuela se amplían los intereses, a los juegos
dramáticos se suman los reglados, de ingenio y
los grupales. Por eso el aburrimiento tiene menos lugar,
aunque algunos episodios aislados no tendrían que
preocuparnos.
De
11 a 13 años: Ya no son más
nenes pero tampoco son “grandes”.
Sus intereses oscilan entre los juegos infantiles y las
salidas adolescentes. Es difícil por eso encontrar
que hacer y no aburrirse. Tendríamos que preocuparnos
si el aburrimiento es constante y si les cuesta demasiado
encontrar alguna actividad que los entretenga.
De
14 a 18 años: Los juegos seden
su importancia a las salidas, a escuchar música,
donde se privilegia siempre el grupo de amigos. Por eso
si un adolescente pasa mucho tiempo sólo en su
casa, sin mostrar interés por relacionarse con
pares y salir del círculo familiar, aunque no exprese
estar aburrido, puede indicar que algo está pasando.
Lic.
Laura Ramos - Lic. Mercedes Díaz
Psicólogas Infantiles
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