Desde
hace un tiempo ya, me encuentro pensando, junto a docentes,
profesionales de la salud de distintos enfoques y también
padres, qué experiencia se produce en el niño
cuando escucha, lee o ve historias contadas.
Cada modo de incorporar la historia tiene sus especificidades:
con ilustraciones, sólo con palabras, con movimiento
a través de las películas o en el teatro
o con títeres, producirán posibilidades
distintas. Sin embargo, con las diferencias, hay también
un espacio de encuentro y posibilidad de trabajo con los
niños, común a todos los lenguajes.
En este artículo trataremos el encuentro del niño
con el mundo de los cuentos, es decir, las historias leídas
o escuchadas contar.
Una primer pregunta podría ser: ¿Qué acontecimiento
se produce en el niño y su vida psíquica
cuando se produce el encuentro con un hecho artístico?
¿Qué posibilidad le brinda el mundo simbólico
e imaginario que allí se despliega?
Partiendo de estas preguntas y sosteniendo
el camino trazado por el psicoanálisis, es que
abordaremos este pequeño navío, que nos
llevará a distintos puertos, para finalmente, despedirnos
hasta un próximo encuentro y viaje.
Tomamos nuestro primer camino que
es de LA FORMACIÓN DEL MUNDO SIMBÓLICO EN
EL NIÑO, diciendo que para que esto sea posible
es necesaria la pérdida del objeto; como primer
instancia: LA MADRE.
El niño debe atravesar la situación crítica
de su crecimiento, como lo es la separación y la
pérdida de un objeto permanente.
La presencia y la ausencia deben poder jugarse para que
el niño construya su vida.
La PALABRA, incluso el NOMBRE, es una primer marca que
instaura la separación, la diferencia.
Luego, y a través de las sucesivas palabras que
nombrarán a los objetos, permitirán con
la presencia de la palabra, nombrar una ausencia. Podrá
hablar del “osito”, de la mamá cuando
no está, escuchar cuentos que abran un nuevo mundo.
Palabra que nombra una ausencia. El mundo simbólico
e imaginario que se despliega, no existe en la realidad
material pero es parte de Otro mundo.
Gracias a la posibilidad de la palabra de tener más
de un sentido, es que el mundo simbólico del niño
se va construyendo, ampliando, enriqueciendo.
Volviendo a nuestro punto de partida,
podemos decir que el hecho artístico, en particular
el mundo de los cuentos, FAVORECE LA RIQUEZA DE SU MUNDO
SIMBÓLICO, COMO ASÍ TAMBIÉN ES UNA
INVITACIÓN A TOMAR DISTANCIA DEL HOGAR, ALEJARSE
DE LA REALIDAD COTIDIANA, PARA SUMERGIRSE EN LA HISTORIA
QUE, JUNTO AL PROTAGONISTA, VIVIRÁ.
A través de ella, podrá
transitar entre la bruma de los tiempos que acompaña
a los cuentos universales, la inquietante historia de
Caperucita, Blancanieves o los Siete cabritos, la experiencia
de la muerte, del nuevo nacimiento, del atravesamiento
de lo prohibido, de las preguntas que, por los tiempos
de los tiempos se ha formulado la Humanidad.
También podrá partir
junto al héroe a la aventura de mares o cohetes
espaciales, barriletes y escarabajos, que venciendo los
miedos y las adversidades, enfrentan el destino con la
tenacidad de su deseo, la alegría de estar vivo
y la esperanza, narrando y transmitiendo, una vez más,
la experiencia del crecimiento.
Los cuentos absurdos, hechos de
rarezas, extraños detalles para el mundo de la
razón, son como dice Gianni Rodari, la piedra en
el estanque, que cuando cae emite ondas y despierta múltiples
sentidos, que se disparan en el vasto mundo simbólico.
Le ofrecen al niño la posibilidad de vivir en un
espacio-tiempo en el que lo imposible se hace posible,
condimentado, frecuentemente por chispas de humor, que
libera a través de la risa o el placer del absurdo.
Así, y dejándonos
llevar por los caminos elegidos, llegamos al puerto de
los cuentos de amor, que invitan al niño a los
encuentros y desencuentros, a amores imposibles hechos
posible o a la tristeza de la ausencia del amor.
Así,
cada historia, es una posibilidad de transitar nuevos
mundos, de enfrentar peligros, de vencer las adversidades
y volver distinto, transformado.
El placer de por sí al que invita la obra de arte,
impulsa el movimiento orientado a la vida, a la construcción,
a la relación creativa con el mundo.
En
estos tiempos de velocidad y zapping, de des-subjetivación,
de pérdida de valores, de destrucción y
de degradación de la palabra llevamos como mapa
el mundo del arte al que nos hemos referido en un inicio,
para tomar los senderos y caminos a los que hemos llegado
y sostener que:
• el mundo que se despliega
en las historias, hechas de materia simbólica e
imaginaria, le permite al niño ir tomando distancia
del hogar y construir poco a poco un espacio-tiempo común
a los cuentos, a la expresión artística
y a los juegos
• la expresión artística de por sí
es un acontecimiento del sujeto (el pequeño ser
en crecimiento) ligado al deseo, con lo cual, pone en
movimiento una posición creativa con el mundo
• cada tipo de historia, además, ofrece las
posibilidades propias de transitar por aspectos críticos
ligados al crecimiento
• El crecimiento lo podemos pensar como el logro
gradual de mayor autonomía, libertad y creatividad
en el mundo
Y
ahora, como los viajeros que parten, nos despedimos hasta
un próximo encuentro.
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